Reseña, Un corazón orgulloso, Pearl S. Buck

Un corazón orgulloso

Pearl S. Buck

Guillermo del Campo
Fecha: 29 de agosto de 2026
Categoría: Clásicos, Los más fáciles

Aunque tenía recomendado el libro por alguien de confianza, reconozco que cogí Un corazón orgulloso con bastante prevención. Ya desde el título sonaba a dramón romántico y de la autora sólo había leído, hace ya mucho, Viento del este, viento del oeste, cuando no era aún capaz de descubrir todo lo que puede haber más allá de la narración de un matrimonio. También Un corazón orgulloso comienza con uno y, por si fuera poco, como no estaba muy convencido, opté por una edición antigua que encontré para el libro electrónico y cuya portada aún resultaba más desalentadora.

Así pues lo empecé cauteloso, pero encima el principio tampoco mejoró mis expectativas pues, tal vez porque iba ya con prejuicios, me pareció muy convencional: la chica perfecta que se va a dar de bruces con la realidad de un matrimonio. Fue la afición de la protagonista a la escultura la que me hizo ir un poco más allá.  Eso sí, tras las primeras treinta páginas tuve que buscar una traducción mejor ya que la de esa edición era lamentable.

Si Trotalibros lleva a gala el recuperar clásicos en cuidadas ediciones, sin duda con Un corazón orgulloso lo ha conseguido. No sólo la edición es estupenda, como acostumbra: encarga buenas traducciones (Adios, señor Chips, El Fallo); encuaderna con tapa dura; plantea la portada con intención (que aunque no es bonita, es más acertada quizá que aquella de La canción del ocaso); diseña la página con cuidado incluyendo las mismas esculturas de la portada, que avanzan progresivamente, al empezar cada capítulo e incluye cinceles entre los párrafos sólo a partir del momento en el que la protagonista comienza a ser escultora de verdad; pone la firma de la autora al final… A las ediciones de Trotalibros sólo les falta algo más de calidad en el papel pero, a cambio, añaden comentarios de otros de los traductores, autores… en este caso, hasta de la correctora, que siempre son interesantes. Precisamente este comentario, que aclara por qué Trotalibros rescató esta novela, me desalentó más aún si cabe cuando cogí la edición en papel, pues relataba cómo al leerla de joven, la correctora entonces adolescente, se había fijado sobre todo en la historia romántica, como me sucedió a mí con Viento del este, viento del oeste (que ahora tendré que releer). He de decir que si tras esas treinta malas páginas y este comentario, seguí con la lectura fue sólo por hacer honor a la traductora, Carmen  Francí, que en tan corto espacio ya me había demostrado su valía, como luego contaré, porque la pobre Pearl S. Buck aún no me había logrado conquistar.

De modo que, entre la recomendación, la correctora que daba algunos motivos más para el rescate (y que yo pensaba que ya ni existía esa figura, a la vista de la cantidad de errores que suelen encontrarse en las ediciones modernas), el buen hacer de la traductora y mi repentino interés por la escultura logré superé esas pocas páginas, muchas menos de las que suelo dar de margen a los libros, y seguí adelante con una lectura que me ha gustado mucho, posiblemente por cómo bordea el abismo de lo facilón sin caer nunca en él.

El argumento de la novela debió ser novedoso a principios del SXX. . De hecho, uno de sus atractivos es que sorprende cuán avanzada era la autora para aquella época, pero para hoy… parecía de lo más convencional. No obstante, si esta novela puede considerarse un clásico es precisamente porque en su momento debió ser innovadora… y ahora mismo también, aunque lo sea por el extremo opuesto. No es sólo una reivindicación de la mujer independiente, profesional y capaz sino también de la madre y esposa, de la persona completa. Y esto último hoy está menos de moda. Susan lo quiere todo, no una parte. No se conforma con lo que le correspondía en 1940 pero tampoco con lo que esperarían de ella casi cien años después, cuando las mujeres apenas encuentran forma de conciliar el trabajo con la maternidad y han de retrasar ésta hasta edades muy avanzadas.

Un corazón orgulloso está escrita con una prosa sencilla, sin grandes pretensiones y desde luego sin dramatismos ni exageraciones. Las cosas pasan y, más que los detalles concretos, es su acumulación la que va conformando a los personajes. Me parece significativo que aunque alguno de ellos cometa errores o acierte, eso no marca el relato, simplemente suceden. En un momento dado, por ejemplo, la protagonista se jacta algo imprudente con una vecina acerca su propia independencia económica, pero ello no tiene más consecuencias con su marido, como cabría esperar de otras historias más manidas. En otra ocasión, uno de los acontecimientos principales de la novela sucede en ausencia de la protagonista sin que ello no nos suma en un abismo de culpa; la autora deja que el lector tome nota y sigue adelante. Y es que, Aunque la novela es fundamentalmente introspectiva, no es un torrente de conciencia. Alterna diálogos con la percepción de otros y actos con pensamientos. Es con todo ello con lo que se forman los personajes que a su vez son los que hacen avanzar el relato.

En la novela se va desde el marido absolutamente convencional al más innovador, se insiste continuamente en limitar a la protagonista por el hecho de ser mujer, a la vez que ella evoluciona desde una chica impulsiva, entusiasta y segura a una mujer reflexiva y más convencida de lo que es y quiere ser. No nos plantea una situación estática, una injusticia manifiesta, sino una evolución personal dentro de la sociedad que había. Sin quitarle hierro a esa sociedad, nos permite entenderla desde fuera a la vez que comprendemos la desazón de quien se siente atrapada en ella. Al comienzo la chica me produjo cierto rechazo pero al final, precisamente porque cambia, porque no es perfecta ni como madre, ni como esposa ni como escultora, me enamoró, como Penélope.

Margaret Atwood bien podría escribir las historias complementarias de algunos de los personajes secundarios más interesantes, cuyas vidas apenas se esbozan. Tanto del padre como de Jane, la criada, o incluso del amigo escultor querríamos un poco más en un libro que, sin embargo, ya es suficientemente largo. Seguro que la novela es criticable por complaciente, paternalista (o maternalista) pero hay que reconocer que el hecho de estar escrita en 1938 sólo se nota en que las mujeres llevan sombrero y, a cambio, uno se muere de ganas de poder buscar en Google una imagen de la escultura Mujer americana, negra.

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Traducción: Carmen Francí

Normalmente le doy a los libros un mínimo de cincuenta páginas, más bien cien, antes de abandonarlos por cualquier causa. En este caso me bastaron poco más de veinte, abrumado sobre todo, por la anteposición constante del adjetivo al sustantivo, tan propia del inglés pero que en español tiene significado propio que no se puede generalizar como hacía la traducción de Enrique de Juan. Por si fuera poco, pronto me tropecé con una frase absurda que al compararla con el original en inglés vi que decía exactamente lo contrario de lo que se había traducido: ponía que, tras un engorroso silencio, Susan se sitió “impedida a hablar” cuando lo lógico era lo contrario, que se viera forzada a ello. (Dejo de lado que la mera lectura de la frase con esa preposición, sin necesidad de contexto, ya chirría pues uno se siente impedido para hacer algo). Como era de esperar, en inglés dice compelled, obligada o impelida. Con tantos obstáculos, sólo me animé a comprar la edición de Trotalibros cuando comprobé que esta frase estaba bien traducida. Uno tiene que preguntarse qué traducciones se hacen y quién las corrige pues basta una lectura en español para detectar la incongruencia del texto, además de su incorrección. Ahora me consta que  Trotalibros emplea correctores y es muy de agradecer porque apenas he visto alguna cosa extraña en este libro (una carne siseante, por ejemplo), a diferencia de tantos otros.

Con todo, lo peor de aquellas primeras páginas no fue un error tan craso, que no deja de ser una piedra en el camino que se sortea sin más, si no una prosa mala derivada de traducir copi¡ando las estructuras del inglés sin el menor cuidado y que es algo que no te hace parar pero que te va minando por dentro. Pondré un ejemplo de las primerás páginas:  “Hacía bastante calor bajo el poco alto techo del cuarto de costura, y la madre de la joven se levantó los lentes y se enjugó su redondo rostro con el blanco delantal.” Tres veces en la misma frase y una coma mal puesta. Carmen Francí, en cambio, escribe: “Hacía cada vez más calor bajo el techo de escasa altura del cuarto de costura; su madre se levantó las gafas y se secó el rostro redondo y arrugado con el delantal blanco.” No hace falta ver el texto en inglés para darse cuenta de que lo primero no está escrito en español porque en nuestra lengua, anteponer el adjetivo al sustantivo no es gratuito y hay que hacerlo con mesura. Cuando ponemos delante el adjetivo, enfatizamos, subjetivizamos damos más solemnidad y hasta puede que cambiemos el significado por completo, así que hay que tener cuidado. No es lo mismo una casa grande que una gran casa ni una mujer pobre que una pobre mujer. No hablamos de la nieve blanca, porque siempre lo es y sólo para enfatizarlo decimos la blanca nieve. No es lo mismo una persona determinada a hacer algo, que una determinada persona dispuesta a hacer eso mismo. Todo eso, que lo sabe un mero aficionado como yo, ¿de verdad lo ignora un traductor y sus posibles correctores? ¿O más bien les da lo mismo, a ellos, a la editorial y a los miles de lectores que no han reparado en ello y que no reclaman más cuidado? Porque a la vista de la portada, cuando Planeta publicó esa traducción, aún no existía Google Translator para poder echarle la culpa.

De manera que tengo que dar las gracias a quienes han hecho un buen trabajo. No habría seguido con la lectura de no ser por que Trotalibros se tomó la molestia de encargar una buena traducción y Carmen Frací la hizo (lo que no puede decirse de tantos otros traductores actuales). Simplemente el título Un corazón orgulloso, sin ser literal (ni falta que hace) es correcto, a diferencia del de la edición antigua, Orgullo de corazón, que tampoco es literal y encima suena ridículo. Sin duda me alegra que tanto Trotalibros como Carmen Francí se incluyan en el anexo II de Matemáticas Bilingües y creo que ese trabajo bien hecho es lo que merecía una premio Nobel pero, además, es justo lo que me ha permitido acceder a Pearl S. Buck. Gracias.

 

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*Novela

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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Susan es una chica alegre, optimista, lleva de vida y capaz de aventajar a cualquiera en todo. Sin embargo, la convivencia con alguien tan estupendo no es fácil, primero para su hermana y su madre y luego para su marido, del que tiene dos hijos antes de enviudar muy joven. A la vez, Susan va viendo que necesita algo más que lo que se espera de ella como ama de casa del primer tercio del SXX, algo que encuentra tanto en la escultura como en su independencia. Por consejo de otro artista, irá aprendiendo, se trasladará a París y comenzará a dar salida a su verdadera personalidad a la vez que tratará de seguir siendo madre. Se enamora, se vuelve a casar, regresa a Estados Unidos para mantener esa lucha por ser escultora y fiel a sí misma.

 

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