No sabía que el Juan de la dedicatoria es Juan Martínez Bárcena, de quien ya he leído algún libro que me ha gustado (El cielo de lima, Lo demás es aire). Autora y dedicado son matrimonio y ella cuenta en Oxígeno la experiencia de casi morir de intoxicación de monóxido de carbono por la combustión defectuosa de la caldera de calefacción de su piso. Una experiencia que le resultó traumática, no por las secuelas físicas sino por las psicológicas. Como Marta Jiménez debe ser una buena escritora (tendré que leer algún libro más de ella) lo cuenta muy bien, intercalando otras vivencias sentimentales, familiares… Un poco a lo Rosa Montero, contando también cómo se gestó el libro.
A Marta Jiménez le gusta Maggie O´Farrell, no le convence Bolaño, ha perdido a un amigo por Sostiene Pereira, cree que la mejor serie de la Historia es Mad Men… Lo tenía fácil conmigo. El libro se lee muy bien, acaso del tirón porque es cortito, tiene buen ritmo y te saca sonrisas con mucha frecuencia. Tiene buenas reflexiones acerca de la muerte, que ella ha visto muy de cerca (retrospectivamente, porque en el momento no se entera por más que lo dramatice), y de otras cosas que se le pasan por la cabeza. Lástima que pida «analíticas» en vez de análisis (tampoco nos hacemos «fotográficas»), que sus volcanes «erupcionen», que «contacte» con la gente y que le falte mucha precisión en algunas frases (pág. 137). Pero hay que achacarlo a su juventud, que seguro que el tiempo alivia, y a mi edad, que habrá de acostumbrarse a algunas cosas. Me ha dado otra frase ambigua por falta de la tilde para mi archivo: “yo solo estaba muerto de miedo”.
En realidad, lo que no me ha gustado del libro es un excesivo victimismo por la situación de la vivienda en España. Es lamentable, sí, pero no es cosa de ahora: yo podría contar lo mismo, mis padres exactamente igual y hasta hay películas de los cincuenta con esa temática de actores tan reconocidos como José Luis López Vázquez o Fernando Fernán Gómez. Victimismo que se extiende a la maldad de su arrendadora por no arreglar la caldera. Marta dice en el libro que mientras Juan encontró un sentido a que hubiera un culpable, a ella le entristeció. Y a mí, porque el libro le habría salido mucho mejor con más cosas como que el amor es la confianza en nuestra mejor versión que empeñándose en detallar cómo la dueña del piso renunció a poner su nombre en un acuerdo misérrimo de indemnización. Marta se pregunta en el libro si estará haciendo literatura: creo que le vendría bien fijarse en la mucha que hicieron algunas escritoras y en la que no llegó a tanto por perseguir otros afanes.
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Verde/*Novela
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