El peligro de estar cuerda

Rosa Montero

Guillermo del Campo
Fecha: 9 de agosto de 2023
Categoría: Sin categoría

Un título estupendo que, junto con la portada, me trajo a la memoria La loca de la casa aunque tienen poco que ver. Aquí estamos ante una especie de ensayo con supuestas ficciones autobiográficas y allí era una novela con supuestos datos autobiográficos. La que permanece es Rosa Montero y esa manera suya de escribir tan apasionante, lo mismo para inventar que para reflexionar. Su mezcla de contradicciones e historietas con las que te pone una zanahoria para atravesar la vida de escritores que de otro modo podrían resultarte áridas, unas citas de libros siempre bien venidas, (me he leído muchas cosas empujada por la autora) y el uso de un vocabulario desenfadado que lo mismo usa “cardumen” como “majareta” u “horripilante”.

Vuelve Montero sobre un tema recurrente acerca de los límites de la locura y de la creatividad, particularmente de la literaria, y así va desgranando citas e historias que demuestran que los locos son clarividentes y que mucho de lo artístico nace de esa visión esclarecida. Quizá la explicación más acertada es la que ofrece Bárbara Jovellanos, compositora que contrapone la locura de música que resuena en su cabeza a demasiada velocidad para transcribirla y la paz vacía en la que se sume tras ser tratada con fármacos. Y no sabe qué prefiere. A Rosa Montero le encantan estos juegos en los que se difuminan los límites entre la realidad y la ficción.

Montero explica que lo que otros ven como egolatría de los escritores no es sino su necesidad de ser comprendidos y aceptados con sus locuras. “Escribir es un milagro poderoso que permite a quien está preso de su cabeza, construirse una existencia válida”. Para mí, que me gustaría escribir así, no deja de ser un consuelo aunque yo también hable solo por la calle (y sin necesidad de móvil) o comparta con un tal Tove Ditlevsen que a veces hace falta mentir para que expresar la verdad.

El libro también trata bastante el suicidio, práctica relativamente frecuente entre los escritores, y analiza muchos escritos relacionados con ellos entre los que destaca la brillantez del testamento de Stefan Zweig aunque, como acertadamente señala Montero, obvie por completo a su mujer suicidada por él. Pero deben ser esas contradicciones las que hacen al genio. Quizá lo peor del libro es que este pozo negro, que describe magistralmente en su día de buceo sobre los corales, va adueñándose del relato y hace cada vez más tristes sus páginas. Al final, ni siquiera la forzada luz de seguir viviendo logra disipar las tinieblas de la vejez. Tal vez es que sea así y que desde el Mehari y el cineasta del hotel de la Plaza de España hasta el académico de la universidad de Charlottesville las cosas se van viendo de diferente manera.

Verde/*Ensayo

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