Lo demás es aire

Juan Gómez Bárcena

Guillermo del Campo
Fecha: 21 de septiembre de 2022
Categoría: Sin categoría

En positivo: qué bien escribe Juan Gómez Bárcena, qué buenas ideas tiene y cómo es capaz de transmitir su emoción al lector. Ya leí de él El cielo de lima, que me encantó, también con un planteamiento novedoso. Aquí entremezcla historias que se han sucedido (o han podido suceder) a lo largo de los siglos en un lugar pequeño, Toñanes. Por si fuera poco, una zona que conozco bien en la que, efectivamente, se quedaba para ir a bañarse por si hiciera bueno (no podían desperdiciarse ocasiones). Para distinguir esa mezcla de tiempos, en los márgenes aparecen las fechas de referencia de cada comentario pues se da el caso, lógicamente, de que por un mismo recodo del camino pasara un buhonero, un peregrino, un pelotón de milicianos, Perico Delgado en bici, o un Renault Clio, rojo por más señas.

La lectura me hace sonreír con mucha frecuencia porque reconoces gestos, palabras, costumbres… Se trata también de leer por leer, como en Malacqua, porque no hay nada sustancial en la narración. Disfrutar de pasajes como el de que quién iba a guardar en la memoria de que en una finca hubo muchísimos años atrás un cementerio; quién sino el lenguaje que no en vano guardaba en la etimología del nombre de la finca sus orígenes. O de ese otro en el que D. Bernardo no hace ascos a besar al tonto del pueblo hecho rey por un día porque ha tenido ocasión de visitar a Carlos II…

Hacer las américas, las guerras, las verbenas, los censos, todo va pasando por Toñanes de una manera más o menos protagonista a través de los registros de bautismos, defunciones, crónicas… Por cierto que es la primera vez que veo tratar la guerra de 1936 con la misma pasión que las de 1833, 1846 o 1872, es decir, ninguna. Han hecho falta escritores con menos de cuarenta años para que eso sea posible al fin…

En negativo: quinientas páginas son muchas para contar una especie de autobiografía mínima y dos, quizá tres, (un embarazo delicado, dos chicos que bailan en una verbena, una rivalidad antigua) historias brevísimas. Tanto una como otras no pasan en realidad de descripciones que no sorprenderán a nadie de tan cotidianas. Entre todo ello no habrá ocupado ni veinte páginas. El resto, enumeraciones de nombres con algún dato y algo de imaginación a veces. Bien escrito, sí, pero de la misma manera que hay quien no quiere leer el libro de las 100 mejores citas (y en ese caso hablábamos de 150 páginas nada más), uno tampoco se lee fácilmente los registros parroquiales por mucho que se los adornen y se califiquen de novela.

No quiero acabar así. De hecho leeré otros libros de este autor. Las contraportadas de los libros engañan, y ésta no es una excepción, pero no puedo menos que transcribir la opinión de Irene Vallejo, que me animó a leer el libro porque aunque no será imparcial, no por ello es menos bonita:

“Por un lugar de Cantabria, más pequeño y más grande que el universo, pasan los siglos como caminantes. Con prodigiosa sabiduría literaria, Lo demás es aire atrapa la pleamar de la historia en las gotas de las vidas minúsculas.”

P.S. Tuve ocasión se asistir a una charla con el autor que me pareció absolutamente encantador y que me explicó muchas cosas interesantísimas del libro. Las letanías de «murió, fue enterrado» pensadas para hacer sentir el paso de los años o que todo lo que no está en el libro, la tierra, el pueblo, las gentes… es aire.

*Novela

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