Con diferencia la peor novela que he leído de la autora. Pese a que sigue pareciéndome una magnífica escritora, sólo así se comprende que se puedan leer más quinientas páginas de casi nada, la historia es deslavazada y anodina. La vida de una loca y asesina famosa, la historia amorosa del protagonista a través de cinco mujeres, los robos de bebés, los chantajes de las monjas, las consecuencias de los crímenes nazis… no logran ni de lejos tejer una historia redonda como puede haber en El corazón helado o en Los aires difíciles…
Almudena Grandes sigue narrando magistralmente emociones profundas aunque aquí su estilo resulta algo reiterativo: demasiada acumulación de frases idénticas para expresar una argumentación, demasiadas contradicciones que agotan el recurso (“no me habría fijado si hubiera sido guapa”, “no lloraba de pura tristeza”, “se parecían como dos gotas de agua aunque no tenían nada que ver”). La autora se vuelca, sin duda, pero creo que se excede. La “yema con azúcar”, que resulta sugerente en alguna ocasión como tantas otras referencias culinarias a las que nos tiene acostumbrados, es aquí algo cargante. O quizá es que habiendo leído toda su obra, lo que fueron novedades ya no me sorprende. Aunque también es verdad que sin la confianza que me merece Almudena Grandes no habría acabado la novela. Vaya una cosa por la otra.
En realidad en La madre de Frankenstein toma carta de naturaleza la intención de la autora en sus últimas novelas: se trata de pintar una época mucho más que de contar una historia. Y si en El lector de Julio Verne o Inés y la alegría aún tenía algo más que contar, en Las cuatro bodas de Manolita, Los pacientes del Dr. García y sobre todo aquí, la historia no es más que el fondo para una descripción, la suya, de la España de Franco.
Una España que la autora efectivamente entrega a Franco y que retrata mediante un compendio de maldades malísimas y a través de constantes miedos y temores: resulta que en 1955 la gente normal tenía que hablar en susurros, según la autora. Su esfuerzo en reflejar un ambiente opresivo aparece desde la primera página y no da tregua hasta la aparición de Pastora, más de 150 páginas después. Basta abrir al azar una de esas páginas para encontrar que se destilan dos o tres alusiones en cada una: “todavía no me había acostumbrado al ritual”, “no me habían invitado al que jamás sería mi país”… Más allá de la veracidad del cuadro que pinta, no es mi intención leer muchas novelas de desgracias infinitas y van ya demasiadas. Quizá de ahí la caída en las ventas.
Hace tiempo que la Historia la prefiero cruda, sin el adjetivo de novelada, porque la mezcla de ambas cosas da pie a fabular sin límites y permite al autor cambiarse de chaqueta, novela o historia, según le convenga. Y aquí la autora se permite el olvido, no de media España sino de los dos tercios que sufrieron, desde 1931 hasta 1975, el fanatismo de ambos lados del otro tercio restante. Me pregunto si, de haber transcurrido la Historia de otro modo, lo que ahora se publicaría del Madrid de 1955 sería La vida sale al encuentro con todo su repertorio de curas buenísimos.
He echado de menos las familias numerosas o las descripciones de las viviendas de techos altos que tanto le gustan a Almudena Grandes. La Casa de las Flores que cita, muy distinta, también habría podido darle mucho juego con sus patios pero parece que estas tonterías ya no caben en los episodios no nacionales. Por cierto, que sus habitantes comprarían mucho más en el mercado de Argüelles que en el de Vallehermoso. También pensé que Aurora tendría un papel más relevante, como lo tiene el hermano de Juan Olmedo en Los aires difíciles.
En los mismos títulos se aprecian las diferencias entre unos libros y otros y cómo necesitan venderse: Los aires difíciles, es bastante anodino pero tiene detrás una gran historia. La madre de Frankestein, es sensacionalista, publicitario, y esconde una historia huera.
Una tontería: en su aversión a la palabra “nacional”, a la autora le asigna ese nombre a la policía de Franco cuando en realidad entonces se llamaba Policía Armada.
En fin, parece que ya sólo nos queda un episodio de estos no nacionales y que tal vez podremos volver al Atlas de geografía humana, a los Castillos de cartón, a los Modelos de Mujer, a las Estaciones de paso, a Malena, a Lulú… A ver si hubiera suerte.
*Novela literaria
