Te llamaré Viernes

Almudena Grandes

Guillermo del Campo
Fecha: 22 de agosto de 2024
Categoría: Sin categoría

Hacía decir Bennet a uno de sus personajes que existen pocas cosas más gratificantes que descubrir un montón de novelas por leer de un escritor que te ha gustado. Eso me sucedió con Los aires difíciles, a las que siguieron Malena, Lulú y el Atlas, los Modelos y las Estaciones hasta que llegué a alcanzar a la autora en El corazón helado. Entonces, mientras esperaba otra novela suya, indagué, leí sus artículos del Mercado de Barceló, supe de su vida, le cogí cariño, me firmó el que creo que es el único ejemplar firmado por alguien que tengo, y descubrí que aún me quedaban dos libros poco conocidos de ella: Castillos de cartón, que me siguió gustando y Te llamaré Viernes, que no. Entretanto, sin yo saberlo, la autora había decidido empezar unos episodios más políticos que literarios con lo que me quedé un poco huérfano. Esperaba yo que esa etapa no se alargaría más de una década y que su retorno a la Literatura sería más apasionante aún pero Almudena Grandes ni siquiera pudo terminar sus episodios no nacionales. Lo lamenté muchísimo y no sólo, por lo que dije entre lágrimas cuando aproveché para releer el Atlas, sino por ella, porque no pudiera acabar con el Bidasoa aquello que se había propuesto. Además, mi optimismo impenitente me hacía pensar que con el último de sus episodios remontaría para dar paso a una etapa renovada y estupenda.

Te llamaré Viernes, con ese título tan expresivo para quienes leímos de jóvenes a Salgari, Verne, Dumas, Galdós, Dafoe… tiene mucho de cómo llegó a escribir Almudena Grandes pero en exceso. La historia, un tanto deslavazada, va y viene, se enrosca como en tantas otras de sus novelas, pero sin avanzar apenas y haciéndose muy difícil de seguir. Se solaza en detalles nimios, da mil rodeos… Apunta maneras, ya presenta a la Hildegart, pero sin conseguir que los personajes te lleguen. Viernes parece que fue un intento fallido de cambiar el registro de Lulú, un ensayo general de recursos que mucho mejor administrados darían mejor resultado con Malena y aún mejor después. Quizá un ejemplo de ese exceso sean los brazos no paralelos del protagonista, algo que no se acaba de entender bien en la primera o segunda página y que no volverá hasta la última sin más objeto que abrochar el final.

Sabía que fue una novela que no me gustó en su momento pero ya que no podré leer otras nuevas de la autora no me ha importado darle otra oportunidad.

*Novela

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