Léxico familiar

Natalia Ginzburg

Guillermo del Campo
Fecha: 3 de julio de 2024
Categoría: Novela literaria, Sin categoría

Como A salto de mata o el Diario de invierno, se trata de recuerdos de la autora, en este caso hilvanados con las expresiones y vocabulario que empleaban los miembros de la familia de Ginzburg, de ahí el título. Eso y una amena prosa es lo que da cuerpo a un libro que resulta muy agradable. Contrariamente a lo que suele pasar cuando los escritores han intervenido en política, los recuerdos de Ginzburg son entrañables y no propagandísticos. En realidad eso mismo sucedía en Pequeñas virtudes de modo que más cabía esperarlo de sus recuerdos de infancia.

A través de las expresiones de su padre, Natalia Ginzburg nos hace ver a una especie de D. Peppone de película italiana. Un bocazas al que se iba la fuerza por la boca, que ejercía de cabeza de familia en compenetrado equipo con la “madonna” de su mujer. Hace medio siglo muchas familias eran capaces de convivir con diferencias que hoy resultan inadmisibles. Pero ni aquello era siempre desigualdad ni lo de ahora es necesariamente igualitario. Me hace recordar el esfuerzo que tantas feministas hacen hoy por emular los grandes defectos del machismo. Lejos de intentar equilibrar la balanza, pretenden inclinarla hacia el lado opuesto.

Landero también basaba algunos de sus recuerdos de El balcón en invierno en un vocabulario específico, ya fuera rural o extremeño pero lo que atractivo de Léxico familiar es eso, que es familiar, exclusivo de esa familia si no fuera porque nos es fácil identificar equivalentes en las nuestras. Mi abuela también nos llamaba borricos y en su casa había un cuarto de armarios. Cuando pretendemos disculparnos por una conducta incorrecta nos calificamos de “incorruptos” y si un suceso nos parece impresionante algún sobrino apostillará “como mi amigo Manuel”. Es a través de todas esas expresiones de la familia de la autora, repetidamente usadas, con las que nos vamos haciendo una idea de cómo son los personajes de los que, en cambio, apenas se dice si son rubios o morenos, altos o bajos. Las familias tienen todo un lenguaje particular que une a los que lo comparten. Con mis padres y hermanas llamamos “bisburí” a lo que mis abuelos y tíos llaman bisberito, de bisbero, que se usa en Castilla para referirse a una ranura estrecha abierta entre una puerta o ventana y su marco. Pedir un poco de queso al acabar de comer quiere decir que has comido muy bien de la misma manera que decir que la comida ha sido para café y copa… pero no para puro. La pregunta de “¿tenemos presupuesto?” (*) es en realidad es un anuncio de lo bien que lo vamos a pasar. La complicidad de las anécdotas se fija en unas cuantas frases que nos las traen a la memoria y que, en un momento dado, se bastan para resumir una situación. Otras veces las palabras son testigo de temores y en un momento dado Ginzburg recuerda que en su casa habían entrado algunas nuevas tales como “comprometedor”, o “vigilado”. Algunas palabras llevan dentro un mundo.

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Traducción: Mercedes Corral

La traducción es buena y sería todo un alarde si no fuera porque el parecido entre el italiano y el español hace el trabajo mucho más sencillo. Lástima que las notas no se hayan colocado a pie de página, mucho más accesibles.

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(*) Tomada de la estupenda película “Truman”.

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*Novela litetaria

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