Me ha recordado al Diario de invierno de Paul Auster en cuanto a que se trata de una suerte de recapitulación del escritor cuando ya se ve mayor. También, como Rosa Montero, habla un poco del oficio del escritor y de hecho comienza por ahí para ir derivando en un cúmulo de recuerdos más o menos autobiográficos pues este chico siempre fue muy mentiroso. Cuenta que en Valdeborrachos, la aldea de la que provienen los personajes, pasaron algunas cosas increíbles como sucedían en Macondo aunque sin llegar a extremos mágicos por lo general. Fantástica es la reflexión acerca de si los diálogos interminables de su familia al amor de la lumbre no serán sino reflejo de una eternidad alcanzada porque en realidad están todos muertos. Por cierto que ese comienzo interrumpido por otras divagaciones que apenas guardan relación con el principio se parece a una redacción con título obligado que yo tuve que escribir en el colegio en la que, tras la primera o segunda frase, pasé a contar lo que de verdad me apetecía. Al final los recuerdos evocan otros recuerdos.
En el relato se incluyen varias enumeraciones larguísimas con abundancia de vocabulario de todo tipo: rural, gastronómico, botánico… en lo que es una prosa limpia y rica. Cuando se refiere más a cómo se escribe que al pasado usa la expresión “novela literaria” que me ha gustado. Con ella he definido el tipo de libro que más me gusta actualmente: una novela en la que la historia es el soporte, la excusa, para recrearse en la prosa. No importa demasiado el argumento, aunque debe existir y tener una cierta coherencia, sino cómo se cuenta, cómo se retratan los personajes, la situaciones, los sentimientos, etc. que es lo que sucede con la deslavazada historia de El balcón de invierno. Claro que el que a mí me haya servido para inventarme un género no quiere decir ni que ese género no estuviera ya inventado ni que esa expresión sea la que lo identifica. Pero a mí me ha servido.
Lo que más me ha gustado, pues ya digo que necesito que se cuente algo aunque no sea eso lo principal, es cómo relata su canonización. De nuevo se me ha aparecido Rosa Montero con su amante norteamericano mientras Luis Landero bailaba en Moscú y tantas historias que yo también cuento, no sólo porque resultan más interesantes que otras, sino porque son las que mejor reflejan lo verdaderamente sucedido.
*Novela literaria
