Al reflexionar para escribir esta reseña me doy cuenta de que me sucede lo que me pasó con Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas, que, aunque hubo aspectos que me gustaron, pesan mucho más los que me disgustan.
Positivo me parece que es una novela larga con una estructura interesante que va dando la voz a cada uno de los cuatro personajes de una familia. Unas versiones se superponen a otras arrojando luz sobre algunas cuestiones que no acababan de estar claras. Sobre todo, permiten conocer y coger cariño a unos personajes que vistos desde fuera despiertan poca simpatía. Sólo cuando uno va conociendo la infancia de Imelda, la madre, empieza a disculpar que actúe como lo hace. Y cuando otros personajes la consideran inculta e intrascendente, el conocer sus inquietudes te despierta ternura. Esa estructura comienza con cuatro libros largos que ocupan más de quinientas páginas de las setecientas del libro. Después, los capítulos se van acortando hasta reducirse a unas cuantas páginas y, al final, a unas pocas frases para cada personaje.
También me han gustado algunas reflexiones acerca del cambio climático o de la diversidad. Y, sobre todo, que Paul Murray logra crear una tensión que hace que las doscientas primeras páginas se lean con ganas y con la ilusión de que aún le quedan otras quinientas más para seguir disfrutando.
Sin embargo, esa ilusión se trunca pronto porque es una novela muy tramposa y la tensión es falsa. El libro de la chica, de cien páginas, acaba con la inminencia de su fracaso al acceder a la universidad y cuando se retoma en la página 549, nada menos, la encontramos aprobada con nota y estudiando en Dublín sin que se dé ninguna explicación al respecto. Al final del siguiente libro, de ochenta y cuatro páginas, el hermano no logra salir de una extorsión con palizas y además está a punto de caer en manos de un pederasta. Del chantaje no volveremos a tener noticia y del pederasta sólo en la página 653, a punto de acabar la novela. Imelda acaba su libro angustiada ante las acusaciones de desfalco a su marido y no parece que vuelva a preocuparle en el resto de la novela… Agatha Christie se sacaba el asesino de la chistera al final del libro y Murray, en cambio, los propone desde el principio. Pero en los dos casos se nos oculta deliberadamente (o simplemente no existe) la relación entre las primeras y las últimas páginas.
La estructura de cuatro personajes, que se va acelerando vertiginosamente, pierde la coherencia en las últimas fases al dar entrada a la narración de otros secundarios como el polaco, (o muy secundarios como la brasileña). A la vez, hay un alarde de recursos tipográficos a todas luces excesivo: a la cursiva y comillas se añaden frases en mayúsculas de tipo distinto, negritas estrechas en mayúsculas y en minúsculas, letras góticas… Un exceso contradictorio con no marcar los diálogos de ninguna manera y mucho más con omitir los signos de puntuación en la mitad del libro (la parte que corresponde a Imelda) además de no esforzarse con las comas en el resto del libro. Es una tortura tener que releer tantas frases que no se entienden hasta encontrarles un sentido. ”No Rechina los dientes Cierra las piernas bien fuerte”, “Habláis de Cassie? dice Una Le ha pasado algo?” Estos recursos los han empleado antes Delibes, Saramago, Crompton, Mendoza… Pero lo han hecho con motivo y bien. De hecho, cuando leí Los santos inocentes por primera vez ni me di cuenta de que faltaban los puntos y en El año del diluvio, la falta de guinoes me encantó. Pero Murray se complica sin criterio que lo justifique y como no lo sabe hacer bien, la lectura se hace tan pesada y difícil de entender que poco a poco dejas de prestarle atención.
De todas maneras da la sensación de que el autor, logrado el objetivo de captar al lector en las doscientas primeras páginas, se despreocupa por completo. Deja tantos cabos sueltos que uno se pregunta si en algún momento pretendió hacerse entender. ¿Alguien podría explicarme el papel del tal Víctor, por ejemplo? Se trata de un secundario pero como sólo se caracterizan los cuatro protagonistas, cuando interviene más activamente en la historia, uno no entiende nada. Y eso, en una novela que no te hace sentir que suceda en Irlanda y que se basa en los personajes nada más, conduce al caos final del que prefiero ni hablar.
.
.
Traducción: Javier Calvo
No hay duda de que el traductor hace un esfuerzo por traducir correctamente expresiones muy actuales del lenguaje coloquial: “dar la vara”, “te quedan de coña”, “pintada como una puerta”, etc. Pero ese esfuerzo es algo demasiado puntual que no hace en otras expresiones o palabras más normales o incluso usa claramente mal. ¿Qué es un veneno fútil (pág. 27)? ¿De verdad podemos hablar de “infestaciones frecuentes de hormigas” (pág. 60)? ¿ Existe la palabra “vislumbres” (pág. 100)? Los niños se “hunden” en sus móviles (pág. 188), se usan “tarjetas pautadas” (supongo que se refiere a los tarjetones con líneas que se usan los conferenciantes para llevar sus notas). Aparecen dos “rayitas” azules para indicar que un mensaje se ha recibido (pág. 45)… Es cierto que en ocasiones la traducción no es fácil pero tampoco se molesta en hacerla: refiriéndose a la apariencia, al “look”, en la página 585 aparecen “Look leñador. Look paleo.” ¿¿¿Qué demonios podría ser “paleo”??? En inglés pone Palaeo, con mayúscula, y que hace referencia a Palaeontology. Tal vez en inglés se entienda pero desde luego en español, no porque lo que en inglés está en mayúscula y es una palabra extraña que puede evocar la paleontología, en español no llama a nada parecido. La traducción literal no funciona. Cuando en inglés pone que “the female customers noticed him” por lo guapo que era, en la página 492 se traduce como “las clientas mujeres se fijaban en él”. Para una vez que el español era más preciso con menos palabras el traductor se pone redundante. Recuerda un poco a aquel párrafo memorable que decía Para un hermano o hermana, un hermano o hermana está enmadrado o empadrado si ese apego supera el del hermano o hermana rival.
La traducción no es buena. El traductor hace un esfuerzo claramente insuficiente pero he de reconocer que al menos hace ese intento, a diferencia de tantos otros casos. Dado que, además, Anagrama figura en el anexo III de Matemáticas bilingües por otras traducciones del inglés, me inclino a pensar que la editorial tiene más responsabilidad en ello.
.
*Novela
.
