Como siempre empiezo leyendo bastante a ciegas, me desagradó un índice inicial que adelantaba cuatro relatos diferentes. Posteriormente vi que se trata de cuatro relatos complementarios que me recordaron a 4.3.2.1 aunque de otra manera: los cuatro relatos tienen diferentes autores ficticios, su propio estilo y versan todos ellos sobre lo mismo: la vida de un magnate financiero de principios del XX y de su mujer. Uno es una supuesta novela, otro es una autobiografía inacabada, otro las reflexiones de una secretaria y, por último, un diario entrecortado de los últimos días de la esposa del magnate. La idea parece que es conformar la realidad a través de diferentes relatos, que en el fondo es como nos suelen llegar las cosas.
Es cierto que la idea tiene su atractivo y que uno va descubriendo cosas aquí y allí, como, por otra parte está de moda en muchas novelas actuales (Instrucciones para una ola de calor, sin ir más lejos). Es agradable esa sensación de “dejà vu” cuando uno lee sin saber bien hacia dónde va pero va reconociendo personajes que habían aparecido en el relato anterior con otros nombres o en otras situaciones. Pero también es cierto que uno lee perdido más de doscientas páginas. Y si bien la prosa de Hernán Díaz engancha al lector desde el primer momento, la novela exige un esfuerzo importante. Los personajes son complejos, los temas tocados muchos (música, finanzas, anarquismo, el poder… incluso pintura y literatura, la crisis del 29…) y todo eso pasando tantas páginas a ciegas me resultó un poco excesivo.
Sin embargo, una vez acabada, Fortuna, deja buen sabor de boca y no sólo porque se lee con avidez durante tantas páginas sino porque tiene también micro relatos estupendos: me encantó que la secretaria consiga el trabajo mediante una biografía prospectiva, a la vista de que su juventud no daba para una convencional. O, la relación padre-hija y esa costumbre, tan italiana, de que los cuchillos han de comprarse y nunca regalarse… o de dónde salía la intuición financiera del magnate. Parte del atractivo de la novela también está en el reto que plantea en muchísimos detalles que el lector debe ir aclarando por su cuenta. No es tan fácil identificar la similitud fonética entre Partenza-Prentice, entre unos nombres y sus iniciales, los guiños entre unas historias y otras… y cuando uno cree haberlo conseguido, cierra el libro con una sonrisa cómplice.
Me ha interesado Hernán Díaz por cómo escribe. Sin embargo, hay varias cosas en contra de que me lea su próximo libro: creo que el autor ha pecado de ambicioso y el que ganara el Pulitzer con Fortuna le animará a serlo más aún. (He de decir que no me gustaron nada cinco de los seis (*) premios Pulitzer anteriores que leí). Y, además, aunque, el escritor es argentino, escribe en inglés y hay que traducirlo al español. La traducción me ha parecido correcta pero siempre se cuela alguna palabra extraña. De modo que, mejor trataré de leer su única novela anterior, A lo lejos, en la que quizá se complicó un poco menos manteniendo su buena prosa.
Traducción: Javier Calvo
(*) Siguiendo la línea de Fortuna, dejo para el lector inteligente adivinar cuál de los Pulitzer que he leído me gustó.
Atando cabos
La conjura de los necios
La canción del verdugo
El viejo y el mar
*Novela
