No me gustan los libros de artículos. Dicen que No leer es un libro de ensayos pero no es así. Los artículos son demasiado breves para llegar a tanto. Además, un artículo es como una píldora, que una cada cierto tiempo puede pasar pero que tomarse muchas de una sentada resulta excesivo. Claro que siempre cabe el recurso de leerse uno cada día pero un artículo es algo de cierta actualidad que también se pierde.
Pese a todo, Alejandro Zambra siempre es agradable de leer. Como Rosa Montero, aunque mucho menos ameno, desgrana lecturas que apetece coger, reflexiones interesantes, (¿me estuve vengando yo, hace unos días, de Guillermo Arriaga por el tiempo malgastado?; lástima que la mayoría de los autores que comenta ni me suenan. Sólo Mairal, Ginzburg, de Prada y poco más. (A ese último lo pone de soporífero, yo creo que con razón). Lo que no sé a qué viene es disimular en ´la crítica literaria una ridiculización de Juan Pablo II y hasta de sus creencias.
Prefiero los artículos que son más generales. Por ejemplo: que hay profesores de lengua disuasorios para los alumnos (en particular los que mandan unas lecturas infumables a la edad de quince años, que son la mayoría); que a Zambra le gusta viajar con libros, que le gusta releer, que le importan los títulos y que considera que el español de España, aunque es comprendido por los lectores latinoamericanos, mantiene una distancia que hay que poder cubrir. A mí me pasa a la inversa, claro, pero con algunos autores (Benedetti, el mismo Zambra, Mairal, Sachetti, Borges…) el recorrer esa distancia es un placer, pues en el trayecto descubro muchos matices de las dos orillas.
Hace unos años algunas librerías tenían unos carteles y marcapáginas con un niño gafotas, con cara de pillo, y la leyenda de “los chicos listos leen libros”. En otro pasaje bonito, Zambra cuenta que tenía un amigo que opinaba que una mujer bella se veía todavía más bella cuando leía. Y quién no.
*Ensayo

