Tenía curiosidad por comparar el estilo de Galdós con el de Valle-Inclán a la hora de retratar Madrid pero, claro, una novela tiene mala comparación con una pieza teatral. Con todo, la crítica de Valle es más de carácter moral, de un régimen que daba las boqueadas, cuando para Galdós aún no había comenzado el declive y se fija más en la miseria física. En el teatro hay poco lugar para las descripciones, son los actores quienes hablan, pero aún quedan las acotaciones aunque sean más parcas. Precisamente son algo que me gusta mucho del teatro porque han de condensar en poco lo mucho que quieran expresar, como les pasa a los bocadillos de los tebeos. De ese modo surge un vocabulario muy rico a lo que se añaden los cien años transcurridos desde la publicación, con palabras como pingo, albando, macferlán, adarme, veguero, vate… palabras que ya sólo oigo a mis padres.
Aunque por lo visto se publicó en 1920, y en efecto se menciona en la obra que acaba de quedar vacante el sillón de la Academia de Galdós, algo que sucedió efectivamente en los primeros días de ese año, luego se menciona al sargento Basallo, cuya notoriedad como superviviente de Annual es muy posterior. La explicación, pues hube de investigar un poco, está en que Valle-Inclán publicó una segunda edición corregida y aumentada en un par de escenas más.
Los diálogos de las Luces de bohemia tienen un ritmo especial que les asemeja al verso y recuerdan a la zarzuela, con aire socarrón y remarcando el esperpento: “Asoma el conserje, vejete renegado, bigotudo, tripón, parejo de aquellos bizarros coroneles que en las procesiones se caen del caballo.” No deja títere con cabeza, Valle. Y las acotaciones siguen en la misma línea extendiéndose en algunos detalles que van más allá de la mera indicación: “D. Latino interviene con ese matiz de perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño.”
El “bizarro” coronel ha sido de lo más oportuno pues hace bien poco criticaba el desplazamiento del significado en español por el del inglés que lo ha sustituido por completo. Una cosa es que tomemos del inglés palabras que designan conceptos nuevos y para los que carecemos de nombre, (podcast). Otra cosa, peor, es que, habiendo una palabra en español, se use la inglesa (influencer en vez de influyente). Pero lo que ya es para nota es que el desconocimiento del español sea sustituido por el conocimiento del inglés, como también sucede con “avatar”. Algunos críticos con la Real Academia se refieren a ella como la “docta institución”, en curioso paralelismo con Valle-Inclán, que la llama “docta casa”. Y tanto unos como otros sabemos que el coronel poco avezado en la hípica era, con todo, un valiente. O pretendía serlo, pero en ningún caso lucía uniformes estrafalarios ni montaba a la amazona.
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*Teatro
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