Reseña, La punta de la lengua, Álex Grijelmo

La punta de la lengua

Álex Grijelmo

Guillermo del Campo
Fecha: 5 de enero de 2026
Categoría: Sin categoría

Los libros de Grijelmo vienen a sustituir a esos debates que apenas se producen ya por culpa de Google: si “taimado” es alguien malvado o sólo espabilado, por ejemplo. En aquellos tiempos en los que no llevábamos los treinta tomos de la Espasa en el teléfono, una cuestión como ésa daba de sobra para recordar a la tía Eduvigis, que era muy taimada (aunque tal vez sólo fuera vieja) o al ciego del Lazarillo, que ése sí que era malo. Como, además, la consulta al diccionario había de demorarse hasta llegar a casa, la discusión no se zanjaba sin al menos otro asalto y muchas veces las espadas quedaban en alto, en espera de que otra palabra la resucitara con más denuedo.

Ahora esas discusiones tienen muy poco recorrido y por eso La punta de la lengua es tan agradable de leer. Como podemos acceder a la definición canónica de la RAE en un pispás, se nos quedan en el tintero muchísimos matices por añadir. Precisamente eso es lo mejor del libro, que cuestiona muy acerbamente a la Academia por esa falta de matices. Ya decía María Moliner que un diccionario no puede recoger las vivencias que cada uno asigna a las palabras pero es verdad que a veces la RAE resulta de un escueto empobrecedor. Grijelmo ha escrito otros libros muchos libros interesantes como la Defensa apasionada del idioma español, El genio del idioma, La seducción de las palabras o, más reciente, la Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo que dan muchísimo para reflexionar incluso dentro del buenismo ultracorrecto y levemente pijo-progre que caracteriza al autor. En todos ellos se aprecia un amor al lenguaje que le hace hablar de pesca y no de peces, e ir al fondo de las cuestiones con mucha solvencia.

Y sí, aquí Grijelmo critica mucho a la Academia, pero lo hace con argumentos que, aunque sin disponer de los del caserón de Felipe VI, son verdaderamente sólidos. Fundamentalmente reprocha a los académicos que se hagan tanto eco del leguaje de los medios de comunicación cuando, además de tratarse de un lenguaje tan descuidado, como corresponde a tantos que se tienen por periodistas sólo por disponer de un micrófono o un bolígrafo, ni siquiera puede considerarse comúnmente extendido. La Academia peca por falta de coherencia, principalmente porque Grijelmo, a quien de verdad critica es a esos periodistas que sólo saben destacar por abajo.

El libro tiene algo de manual a donde siempre puede uno acudir a resolver alguna duda (lástima que no le hayan puesto un índice) pero también la gracia con la que expone los problemas y los resuelve, con una coda final que mueve a la sonrisa. Y en el último capítulo, hasta abre alguna esperanza con algunas palabras que se pusieron en su día de moda absurdamente y que veinte o treinta años después están en vías de extinción.

También da para la discrepancia porque yo no creo que la eficiencia vaya con la cantidad sino con la relación entre el esfuerzo y el resultado conseguido, la eficacia con el resultado sin tener en cuenta el esfuerzo y aún se podría hablar de lo efectivo. Hay que ver cuántos académicos in pectore andamos por ahí sueltos…

 

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