Efectivamente no me equivoqué. Los reyes de la casa no me gustó pero Delphine de Vigan sí y Las gratitudes lo confirman. Alguien me contó que Los reyes fue un libro de encargo, no sé. Las gratitudes es, sin duda, un libro sentido. Guarda similitudes con Los ingratos y con Llévame a casa, que ya es casualidad que el tema de los viejos me esté rondando tanto. Pero estos dos cuentan más cosas y de Vigan apenas lo necesita. Simplemente te transmite, casi siempre mediante diálogos, los últimos meses de una mujer capaz de ganarse tu simpatía desde el primer momento. En esos meses aparecen algunas historias pero no se molesta en rematarlas. Bastan las palabras confusas de la protagonista, el cariño que se percibe en quienes la tratan, la ternura que provocan sus miedos. “Si las palabras vuelven todo irá bien” se anima ella, consciente de que cada vez le es más difícil comunicarse. Y te ríes cuando quien precisamente trabajaba de correctora de textos se refiere a “la mujer de la simpleza». Pero te encoge el corazón lo terrible de sus pesadillas aunque en ellas se exprese perfectamente.
Las páginas se suceden sin muchas explicaciones, tan sólo quién las refiere, si la ahijada o el logopeda. Son pocas pero bastan para meterte absolutamente en su mundo. Como hacía Delibes en El príncipe destronado, percibes su impotencia, sus miedos, sus alegrías y su determinación. Magnífica. (Sigue confirmándose mi teoría de que es mucho más fácil que una novela corta sea buena que conseguirlo con una larga, y de ahí el mérito de estas últimas). El final, pese todo, mantiene el tono simpático de toda la narración y hasta resulta luminoso.
“Las gratitudes” no es mal título, resume los sentimientos de la ahijada, de la misma anciana para quienes la acogieron en el pasado… Pero lo importante es el miedo aunque esté tan bien tratado. La pesadilla de enfrentarse a las decisiones difíciles cuando una se ve impotente, a merced de todos, expuesta y con poco tiempo. De Vigan nos enseña ese miedo a la vez que lo envuelve en ternura.
En cuanto a la traducción… tras haber intuido que la de Los reyes de la casa era buena, ya puedo confirmarlo. Pablo Martín Sánchez se abre un hueco en los anexos de las Matemáticas bilingües y con él Anagrama mejora un poco. Curiosamente, cuando me asaltó una duda acerca de cómo estaba traduciendo “gracias de merdad” el mismo traductor me lo aclaró indirectamente en una nota a pie de página de las que tanto se echan de menos hoy: el original dice “merci”, que la protagonista troca inevitablemente en “merde”. En español el traductor pone “gracias de merdad”. Buen trabajo.
Traducción: Pablo Martín Sánchez
*Novela
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