Los ingratos

Pedro Simón

Guillermo del Campo
Fecha: 6 de febrero de 2023
Categoría: Sin categoría

Ha sido casualidad que lea dos libros tan seguidos de Pedro Simón. De hecho, Los incomprendidos, aunque me pareciera bien, no me gustó tanto como para repetir. Pero, cosas de la vida, a la vez que me acababa el primero una amiga que sabe de libros, quiso que me leyera el segundo. En realidad es al revés: el primero fue Los ingratos y el segundo Los incomprendidos pero yo los leí en orden inverso.

Los ingratos es también un relato familiar también, narrado por diversos personajes, con menos drama que Los incomprendidos pero en la misma línea. Se nota una evolución en la técnica narrativa de ambos libros pues en el segundo está mejor conseguida y quién cuenta se identifica mejor. Siempre es delicado eso de hacer hablar a un niño porque o resulta inverosímil su corrección, o ilegible lo que dice. La parte buena es que el lector puede adivinar fácilmente lo que el niño no cuenta o cuenta a medias, que siempre es divertido.

Hay cosas que recuerdan al Quico y a la Vito de Delibes. Pero Simón busca contar una historia más redonda y Delibes yo creo que buscaba simplemente contar. Y cuando lo que hay que contar es poco, hacerlo bien es mucho. Porque Los ingratos tampoco tiene tanto que contar, es más la cotidianeidad que otra cosa. En ese sentido Los incomprendidos tiene bastante más. Pero como es más importante cómo se cuenta que lo que se cuenta… me gusta más Quico que David, y David que Inés. Y, sí, por encima de ellos aún está Daniel, el Mochuelo, que también rememora pero de una manera mucho más profunda.

Eso sí, David tiene la ventaja para los de cierta edad que reconocemos al instante eso de los episodios del lirón careto, de los cuadernos Rubio o el tope de dedos al ofrecer bocadillo. A los de edades que superan el medio siglo, Los ingratos les hará sonreír cómplice muchísimas veces. Además, todos tenemos una Eme o una Vito. Yo tuve a mi tía Angelines con la que también fui ingrato.

Pedro Simón, además, no intenta reivindicar lo actual en un relato del pasado: los de izquierdas son buenas personas y los de derechas, también. Y si no lo son, no se debe a sus ideas. Huye de esos arquetipos del alcalde franquista y la maestra comunista. Resulta que el más rojo de todos, coherente como pocos de los suyos actuales, se niega al aborto. Cuenta un pasado duro pero sin pretender enmendarle ahora la plana.

Y como en Los incomprendidos, muchas frases afortunadas y símbolos acertados: el desorden es síntoma de vida, el peor silencio es la soledad, una casa más grande da para alejarse más…

Un buen libro.

*Novela

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