Otro dramón como el de Bodas de sangre menos poético sin duda, que he leído aprovechando la efeméride del asesinato de Lorca. Una obra de teatro que no puede ser más actual, con un reparto únicamente femenino, y que vuelve a reflejar la violencia de la sociedad rural y el papel de la mujer incluso cuando es otra mujer quien lo impone. Estas obras de teatro son tributarias de su época y recogen situaciones del momento, como El alcalde de Zalamea con el conflicto de jurisdicciones o Fuenteovejuna con el de la rebelión contra la tiranía y tantos otros. A diferencia de otras obras similares, abiertamente superados sus planteamientos (me estoy acordando de D. Juan Tenorio, todavía representado para el día de Difuntos por aquello de su final en el camposanto, pero no por la actualidad de su argumento sino por la belleza de su verso), La casa de Bernarda Alba aún da qué pensar aunque su esencia esté también superada. Y se puede disfrutar de su prosa que, sin ser verso, tiene cierto ritmo que lo recuerda. Es, en cambio, una obra más para ser vista que leída pues hacen falta gestos y espacios que no siempre aparecen claros en las acotaciones.
Margaret Atwood podría hacer maravillas escribiendo, por ejemplo, Inés, el ángel de amor o, tal vez, Magdalena, la envidiosa porque en el teatro uno suele quedarse con ganas de más.
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*Teatro
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