Historia corta, mínima. Casi una escena pero bien contada por una Carmen de Burgos que posiblemente conoció mi abuela allá por la Institución Libre de Enseñanza en los primeros años de la década de los 30, junto con Lorca, Alberti y otros de sus amigos.
Cuentan que Lorca se inspiró en esta historia para sus Bodas de sangre un par de años posterior. Ciertamente es una historia que cuesta leer sin pensar en la tragedia, ya sea la de Lorca o la que sucedería a continuación aunque no la contara nadie. La propia autora advierte de que no era raro, en esa tierra almeriense, que las bodas acabaran en sangre…
Pero es ésta una historia tranquila, breve, que apunta a más pero a la que basta el cuadro. Un vocabulario ya pasado muy agradable de recordar: recova, pítima, vasar, jícara, haza… y una prosa sencilla pero honda, sin dramatismos pero sentida. Pese al vocabulario y la trama, diría que es una prosa en la que no se notan los años en absoluto, que resulta completamente actual. No hay que buscarle el regusto de los clásicos, da gusto leerla, sin más.
*Novela literaria
