Las citas de unos libros me llevan a otros y en este caso además no pude resistirme a una portada tan bonita que luego he sabido que es de un autor reconocido. Por si fuera poco, al hojear el libro me encontré con alguna tilde de las que ya no se ponen (pág. 21), que cita a Murdoch y a Zweig… Lo bueno de los ensayos es que suelen recrearse mucho en el lenguaje, darle muchas vueltas a las palabras, y eso siempre es interesante.
El respeto o la mirada atenta va exactamente de lo que dice el título: de cómo el respeto parte de la atención, la escucha, el interés por el otro, y va desglosando poco a poco cada uno de los factores que hoy en día dificultan esa mirada atenta. Ésa es la parte que me parece más interesante, la primera en la que Esquirol va cuestionando algunas de las ventajas de la tecnología y de nuestra sociedad actual. La importancia de mantener una distancia adecuada para poder mirar, y de ahí respetar, que ni debe distanciarse en exceso ni reducirse hasta desaparecer. Que la atención hay que entrenarla y que para ello, el estar cambiando de pantalla constantemente, o leer sólo los titulares se los periódicos, no ayuda nada. Por eso la televisión triunfa sobre el libro, porque leer cuesta más esfuerzo. Se aprende a atender atendiendo como se aprende a pensar pensando.
Sostiene el autor que la tecnología, excelente recurso del hombre de todos los tiempos, hoy ha sustituido a lo sagrado y que con ello se pierde el respeto. Yo no pienso que haya que creer en supersticiones pero sí que hay que dejar sitio a lo desconocido. En la Edad Media sabían muchas cosas pero no dudaban de la existencia de otras muchas cuya explicación ignoraban. En ocasiones, eso que ignoraban lo encomendaban a la gracia divina pero no lo rechazaban. No sabían por qué se sostenía un arco y, aunque para construirlo echaban mano de las experiencias anteriores (no se limitaban a rezar) admitían que había algo más que no sabían explicar pero que funcionaba. Hoy, la tecnología parece que nos lo permite todo. Medimos cosas tan intangibles para los del SXV como la temperatura pero incluso somos capaces de medir cosas como la popularidad, a través de las visitas a un sitio de internet, que a principios de este mismo SXXI nos habrían parecido impensables. Y, como consecuencia, todo aquello que no entra en esa tecnología (arte, humanidades, etc.) tiene poca importancia. “Sobre gustos no hay nada escrito” suele decirse, y es completamente falso: sobre gustos hay mucho escrito pero hay que leerlo. Y, es cierto, no sabemos concretar del todo las razones por las que Aalto era un genio pero eso no quiere decir que su genialidad sea arbitraria. Cuando Esquirol dice que se pierde el respeto por culpa de la tecnología, es porque la soberbia casa mal con la humildad que requiere mirar las cosas atentamente. Como dijo Machado, “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Y el exceso de tecnología nos puede abstraer por completo de la realidad hasta no ser capaces de ver, y de admirar, lo que nos rodea.
Un libro interesante que da que pensar.
*Ensayo
