Conforme avanza el libro van asaltando dudas acerca de si el narrador cree lo que cuenta, nos explica un sueño o finalmente descubriremos que está loco. Y acabar la lectura no resuelve la duda. La historia no puede ser más banal y escueta, incluso el número de los personajes está limitado hasta el extremo de que bien podría ser una obra de teatro. Sin embargo, la forma de contarla es abundante y las descripciones, prolijas.
Iris Murdoch comienza con una presentación, la Prehistoria, de casi 150 páginas en la que efectivamente uno se hace perfectamente cargo de la situación. En ella apena sucede nada pero resulta interesante y grata de leer. La propia estructura de la novela le ayuda pues como luego viene la Historia, uno quiere estar bien preparado para ella. Cuando llega, avanza a buen ritmo, todo lo que puede avanzar, con golpes que sorprenden y mantienen el interés. Es entonces cuando uno empieza a tener esa sensación surrealista y la minuciosidad de las descripciones se tornan difíciles de imaginar. Como en un sueño en el que percibimos multitud de detalles pero somos incapaces de forjarnos la imagen completa. A veces se aprecia el exceso (su rostro parece moreno aunque no atezado, p262) al modo de la novela de principios de siglo que acumula adjetivos sin mucho tino. Pero en general las frases se construyen bien, las descripciones van por su orden… pero el hecho de que la historia resulte tan extraña, la cortesía tradicional británica que aquí resulta esperpéntica, las menciones de los menús sin apenas relación con nada, la falta de referencias geográficas reales, hace que cueste hacerse una idea clara.
Al final, parece que la novela es también un soporte para reflexiones diversas, ya sea como sentencias en las conversaciones (con frecuencia los seres humanos hacen lo que quieren hacer, p492) o generales acerca del pasado, del amor, de la vejez… en las que la sinceridad del narrador y su capacidad de autocrítica sólo está atemperada por su cinismo y por la duda que nos inspira.
No puedo dejar de comentar la traducción dado que por lo visto la editorial encargó una segunda diferente de la de las primeras ediciones. No quiero imaginar cómo sería aquélla si en ésta se traduce hebilla en lugar de horquilla (para el pelo, p 317 y p315), se dice que alguien es pluma (p362), se habla de esterillas de mesa (p193) o de alfombras de coche (p602) o se emplean expresiones tales como es perfectamente cierto que echo de menos el exprimidor (p119). Y con ser grave, en realidad esto no es lo peor porque al menos se nota. Lo malo es lo que debe haber además que pasa desapercibido.
*Novela literaria
