Cogí la nueva novela de Lemaitre con algo de miedo pues creía haberle entendido en los prolegómenos de La gran serpiente que estaba determinado a escribir un tipo de historias diferente del que tan acostumbrado nos tenía. Y, sí, nada tiene que ver con aquél ni con otros como Tres días y una vida o la serie de Irene pero en cambio es una continuación Los colores del incendio y de Nos vemos allí arriba.
Lemaitre sigue con la ironía constante, lo truculento de algunas situaciones, algunos personajes histriónicos y con la corrupción relacionada con las guerras, los negocios y las estafas. Su forma de contar las cosas es brillante y mezcla comentarios como “prohibiciones de la secta: matar, desear a la mujer del prójimo (y, con mayor motivo, cepillársela)” con una descripción familiar en la que, de pronto, el personaje se retira pronto porque ha recordado la imagen de la mujer que ha apiolado unos minutos antes. Sin embargo, el Ancho mundo se queda por debajo de otros libros del autor. No está mal, resulta entretenido, quizá la historia se fuerza un poco al final, pero se queda un poco lejos de otros de sus libros que, o porque efectivamente son mejores o porque contaron con la ventaja de la sorpresa, tuvieron mucho más éxito.
Traducción: J. Antonio Soriano Marco
De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Un hombre tiene cuatro hijos y cada uno tiene sus problemas (además de los del padre) que irán entrecruzándose: el mayor es un asesino compulsivo, el mediano quiere ser periodista, otro viaja a la Indochina francesa para averiguar lo que le ha sucedido a su novio, muerto allí, y descubre una red de corrupción…
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