Reseña, Con ánimo de ofender, Arturo Pérez-Reverte

Con ánimo de ofender

Arturo Pérez Reverte

Guillermo del Campo
Fecha: 6 de febrero de 2026
Categoría: Pretextos

En muchas ocasiones he comentado qué pocos de los libros de Pérez Reverte me han gustado. En otras he añadido que no me gustan los charcos en los que suele meterse y la altanería que normalmente despliega. Pero todo ello no significa que no le dé la razón muchas veces y éste libro de artículos suyos no es más que un pretexto para comentar el penúltimo lío en que se ha metido: Por qué ni limpia, ni fija, ni da esplendor en la línea de Limpia, fija y da esplendor de hace ya años. Pese a que el artículo en el que critica a la RAE es de hace quince días, aún le ha dado tiempo a tener otra trifulca a cuento de no sé qué jornadas a las que David Uclés se ha negado a asistir porque no quiere diálogo con los que piensan diferente de él (de Uclés). Con lo suave y amable que era el autor de la Península de las casas vacías en sus primeras entrevistas de hace poco más de un año, y con lo razonable que es su libro, resulta chocante cómo ha optado por endurecer el tono una vez asegurado el éxito, lástima. La actualidad trepidante y los líos de unos y otros no dan respiro de manera que mejor me centraré en lo de fijar y dar esplendor.

Sí, estoy con Reverte en su crítica a la RAE como en las que expresaba mucho antes Grijelmo por similares motivos: carece de sentido que se le dé tanta importancia a los medios de comunicación o las redes sociales, que precisamente emplean un lenguaje efímero, de modas momentáneas y condenado a desaparecer en muy poco tiempo. Hace años, escribir en un periódico requería algún conocimiento pero hoy escribe un comentario cualquiera (incluso yo mismo). Los medios de comunicación, entendido esto en sentido estricto, se han multiplicado y democratizado y como consecuencia, las barbaridades escritas son infinitamente más numerosas. A la vez, una cabecera de periódico podía aspirar a una mínima permanencia, al menos en la hemeroteca, pero hoy lo que se busca es la inmediatez, el titular momentáneo que mañana desaparecerá. ¿Quién habla hoy de un grupo yeyé, de usar slip o de tomar un lunch? Y, sin embargo, la RAE recoge esas palabras, supongo que por si en el futuro alguien se las encuentra en una grabación y las desconoce, porque en los textos de la época de esas palabras, nunca estuvieron. Cuando uno lee los Dardos de Lázaro Carreter se da cuenta de que el lenguaje se rige por unas normas independientes tanto de los palurdos como de los académicos y que la mayoría de esas flechitas, o carecían de sentido o se abandonaron muy pronto.

¿Qué tienen los medios (mass media que llegó a decirse) para que la RAE les haga más caso que al lenguaje jurídico o al taurino? Que su acceso es mucho más sencillo. Que entre leerse una sentencia que hay que buscar, o abrir cualquier red social, lo fácil es lo segundo. Pero eso no significa que la gente hable de esa manera, como tampoco acostumbramos a decir “otrosí” aunque los textos jurídicos usen esa palabra con frecuencia. María Moliner tenía razón cuando criticaba por alambicadas muchas definiciones del diccionario pero nunca pretendió recoger en él cualquier cosa, y no sólo por que fuera incorrecta, que al fin y al cabo la corrección es mudable, sino por no incorporar vocablos o conceptos ten efímeros que no se habría impreso una nueva edición que los contuviera cuando ya serían obsoletos. Quizá el problema esté en que hoy las ediciones pueden ser digitales y, por tanto, tan volátiles como sus contenidos.

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*Pretextos

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