Me pregunto cómo es posible que siga recibiendo de regalo novelas de Pérez Reverte con la mala opinión que tengo de la mayoría de ellas, que ni siquiera suelo reseñar. (No de todas, El maestro de esgrima y El pintor de batallas sí me gustaron). Por lo menos suelen ser novelas facilonas, un poco cargantes cuando abusa de los silencios y reflexiones huecas de los personajes. Esas aparentes honduras que en las que el autor sumerge a sus protagonistas y los pone a mirar al infinito eternamente por aquello de que cada uno es cada cual o porque pasa lo que tiene que pasar y toda esa esa filosofía patibularia; me recuerda a los oficios de las obras cuando ante un problema se paran a mirarlo fijamente, como si estuvieran cavilando una solución, y esperan así, quietos, absortos, concentradísimos en lo que esperan tomarse de almuerzo, a que el jefe les diga lo que tienen que hacer. Yo es que soy un escéptico, oiga. Más incluso que el autor.
La Reina del Sur cae en todos esos tópicos del autor y no tiene demasiada compensación por la aventura de turno porque la entrevera con la vida de la señora en cuestión. No es una biografía pero tampoco una novela convencional y como cae en la moda de contar a la vez cómo se ha gestado el libro, la verdad es que se queda a medio camino de todo. Por si fuera poco, también experimenta con el lenguaje y buena parte del libro está escrito en una jerga “mexiconarcotraficante” que se entiende a medias sin que aporte gran cosa. “No siembre es cabal mochar parejo, ni modo” tal vez permita a Pérez Reverte jactarse de integrado en el mundillo pero resulta poco interesante para el lector común español. Y como tampoco el cosmopolitismo de que hace gala o la guía michelín de bares de tapas tiene mayor interés, como tantas veces con este autor, uno comienza con ilusionándose con un bip en la primera página y se va desencantando en todas las demás.
*Novela
