De las varias novelas de Oates que yo he leído, ésta se corresponde con las cortas, como Violación, en la que lo que sucede es dramático y la crítica social, importante también, pasa a un segundo plano. En las largas (Qué fue de los Mulvaney, Niágara o Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas) es al revés: también hay sucesos traumáticos pero lo principal es cómo pone del revés a la sociedad estadounidense.
Agua negra, más que una historia, es una situación: una chica se está ahogando tras un accidente en coche y por su cabeza pasa el pasado más reciente, algo del más lejano, sus seres queridos y algo del futuro que imagina, todo de forma fragmentada y caótica. Se echa de menos algo más que eso, a la vez que la situación, aunque en pocas páginas, se hace algo repetitiva además de angustiosa.
Yo no he acabado de entender por qué una chica joven, guapa y preparada (una chica norteamericana, se jacta) se iría con un cincuentón por muy senador que sea. En absoluto está enamorada y quizá sea por la atracción del poder o un cierto deseo de protección masculina tras un amor despechado, no sé. La aventura se enmarca entre la mojigatería de los setenta pasados estadounidenses y la liberalización que se iniciaba y la aventura quizá responda a eso mismo. “Si hago no hago lo que me pide no habrá ningún después” (¿Y por qué habría de querer que lo hubiera?). “He hecho que me desearas y ahora no puedo rechazarte.
Lo que más me ha gustado es que en sus pensamientos agonizantes incluya las explicaciones que pensaba dar a familia y amigos de la aventura y probable relación. Eso de “ensayar el futuro con palabras.”
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Traducción: Montserrat Serra Ramoneda
Como tantas veces, la traducción no es mala en sí misma aunque adolezca de bastantes errores de vocabulario: neumáticos “surcados” (en vez de con dibujo, o con tacos), los polos o los vestidos, no se “endosan” cuando uno se embute en ellos o se ajustan a uno, las alfombras no son “pinchosas”… es simple falta de cuidado al repasar una traducción automática o algo así porque de otro modo, nadie escribiría esas cosas.
A eso hay que añadir las comparaciones a las que Oates nos tiene ya acostumbrados: “Una música semejante al lentochorro de la pasta de dientes cuando se aprieta el tubo”.
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*Novela
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