Leí la última novela de Oates y me interesé por leer algo más de la autora. Pese a que la producción literaria de Oates es abrumadora, he idos a leer dos novelas muy, muy parecidas: una familia bien asentada en una sociedad rural sufre un episodio violento que traumatiza a todos sus miembros. Las dos novelas largas, entretenidas y con virtudes defectos similares.
Lo mejor de estas novelas de Oates es su estructura y cómo te enganchan desde el primer momento. Qué fue de los Mulvaney tiene dos partes diferenciables: la presentación de la familia, en la que se va apuntando el problema al que se enfrentarán desde la primera página sin que llegue a desvelarse con cierta claridad hasta más de doscientas páginas después. La segunda, que cuenta el lento declive familiar. La primera parte se lee con avidez porque la mezcla de retratos familiares y de gotitas de lo que va a suceder, tan escasas, te mantiene interesado y en vilo. La segunda no está mal pero decae un poco. Las dos novelas acaban con un epílogo más o menos original y esperanzador.
Lo peor, que Oates hace unas comparaciones bastante tontas que estropean la lectura innecesariamente aunque aquí es un problema mucho menor que en el caso de Noche. Muerte. Sueño. Las estrellas.
Oates no es muy coherente con los narradores de su historia pero caracteriza muy bien a los personajes, hace una crítica inteligente de esas familias estadounidenses y de su sociedad, es amena, irónica, plantea situaciones muy interesantes Falla, en mi opinión, en que escribe un poco como se habla, con tonterías, repeticiones, frases sueltas, incluso incorrectas, que pueden resultar algo molestas. De todas maneras, en los Mulvaney es un problema menor, nada comparado con Noche. Muerte. Sueño. Las estrellas. Aquí hay comparaciones absurdas pero en mucho menor número: “Corinne disfrutaba de la popularidad de su hija como disfrutaría del sol reflejado en un espejo.” (P. 54).
Tanto la historia como la prosa me gusta mucho más en los Mulvaney, que evidentemente algo tienen cuando casi he leído del tirón sus más de setecientas páginas (de letra grande, como si la editorial quisiera engordar los tomos de esta autora).
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Traducción: Carme Camps Monfá
La traducción es decididamente mala, como ya esperaba de Penguin, pero como sólo es eso, sin añadidos ideológicos como en el caso de la de Molinés, casi entra dentro de lo normal. Curiosamente traduce (bien) cosas innecesarias: Pomp and circumstance, que es el nombre de una marcha de Elgar cuyo título se tradujo (mal) hace más de cien años, aquí lo traduce por “Pompa y boato”. De la misma manera que The sounds of music hace ya mucho que pasó a ser Sonrisas y lágrimas, y carece de sentido venir ahora a corregir ese tipo de cosas en una novela. También acierta en la traducción no literal del título, We were the Mulvaneyss, con uno similar pero mucho más sugerente (aunque tal vez ese acierto corresponda a la editorial). Pero luego es capaz de hablar de “pelo permanentado” (P. 555), candelas en vez de velas, y “estrellas parpadeando y palpitando” cuando en español podemos decir que titilan. A eso se añaden catalanismos que son incorrectos en español (P117), incoherencias (P44), no saber lo que es una moratoria (P38), cosas como “descender su peso” de un taburete (P418)…
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*Novela
