Charlando con una profesora de lengua me comentó su pasión por esta novela, comparable a la mía por El camino y la verdad es que es magnífica. Si la de Delibes no me gustó en bachillerato, no quiero pensar en lo que me habría parecido la de Martín Santos entonces, pero con otra edad me parece estupenda.
Tiempo de silencio tiene un relato muy sencillo contado de una manera complicada. Primero, porque comienzas sin saber gran cosa de lo que sucede y será más adelante cuando las piezas empiecen a encajarse. Pero, sobre todo porque se solaza en unas descripciones larguísimas, de vocabulario difícil y, lo que es peor, (más bien mejor) cuajadas de ironía.
Precisamente es esa ironía la que te permite obviar el diccionario y leer mucho más fluidamente de lo que cabría esperar. No necesitas saber el significado exacto de todas las palabras, que por otra parte a veces son inventadas, sino que te ríes con la sorna del narrador. «Quinceñas», «verbigerativa», «claror»… son ejemplos de las que inventa que se entienden bien. En otras ocasiones se ríe de los personajes y pone en su boca cosas cono “alfabeta” de la misma manera en que Delibes hacía usar mal el verbo “adolecer” al amigo Eugenio. La descripción de las primeras páginas de la ciudad «acatedralicia» me parece fantástica pero no menos que la del grabado de Goya, mucho más adelante, o la del interrogatorio sin respuestas del comisario. Pocas cosas más gratificantes en la lectura que sentirse a la altura del escritor y creerse su cómplice. Uno entonces piensa que se codea con el autor y se hincha de vanidad… quizá tan fatua como la de la pareja a la que explican la catedral en La Regenta, ésos que admiraban la pátina, y que en realidad también son motivo de broma para Clarín (y para el lector).
Recordando a mi tía Gisipa, que sacaba los parecidos más insospechados, Tiempo de silencio me ha recordado a La familia de Pascual Duarte en lo brutal de algunos personajes, a La Colmena precisamente en esa colmena que es Madrid, a Misericordia por lo lúgubre de tantos cuadros que plantea y a La verdad sobre el caso Savolta por la manera troceada de relatar los hechos.
*Novela literaria
De qué va. (Quizá no quieras leerlo). A pesar de sus esfuerzos, un médico dedicado a la investigación en la España de la postguerra no logra salvar la vida de una chica a la que han practicado un aborto irregular. Huésped de una pensión en la que le quieren casar con una de las hijas de la dueña, la chica acabará asesinada en venganza por ese crimen que su novio no ha cometido.
