Si releer es muy recomendable, cuando además ves malas imitaciones es aún más conveniente volver al original cuanto antes. Sí, también semeja varios documentos de fuentes diversas en torno a un manuscrito del reo, también sabemos desde el principio lo que va a pasar, pero… nada que ver!
Para empezar, esos documentos anexos son muy breves a la vez que útiles: aclaran algunos extremos de lo que, en primera persona sería más difícil de expresar (como, por ejemplo, la propia muerte). Y aunque sepamos el final del libro, hay muchas otras cosas importantes que nos irán sorprendiendo conforme avancemos. Es más, algunas suceden sin demasiadas explicaciones. Pascual sí redacta algo como puede, explicándose mal (y de ahí las lagunas para el lector), con su habla, saltándose cosas y aturullándose a veces. Por supuesto que es una novela, una imitación de un manuscrito que es poco probable que se produjera nunca, pero resulta verosímil, no como el de Roderick.
Resulta, además, interesante desde las primeras páginas, desde que nos sorprende con la muerte de la perrilla sin ton ni son. Vamos atisbando que hay mucho más que un desenlace cierto. Y lo hacemos de la mano de un relato que a la vez describe el entorno y la cortedad del protagonista. Que te amaga con unas cosas y te sorprende con otras. Relato casi sórdido, encerrado en sí mismo por un único narrador miserable, que no goza ni de la compasión del autor que le hace perder los papeles en su ejecución para que apenas le quepan virtudes. Las muertes son tantas que casi se pierde la cuenta. ¿Mata a Lola en cuanto le confiesa quién es el padre?
El fatalismo de Pascual Duarte es errático pero no por ello menos determinista. Fatalismo personal y social porque ni el amigo Pascual ni quienes le rodean dan pie a otra cosa. Pero, a diferencia del Plan sangriento, aquí los personajes secundarios, ésos que le empujan a su modo al precipicio, tienen un relieve mucho más acusado: la madre, de la que no sabemos ni el nombre, se yergue rotunda como la principal víctima y causante de todo. Lola y Rosario, en cambio, son los puntos luminosos de la historia triste. Por cierto que el marco es el mismo que el de Los santos inocentes: Extremadura. Tanto un gallego como un castellano han encontrado en la Extremadura del SXX el entorno propicio para hablar de la miseria.
El lenguaje del manuscrito es sincero, de persona inculta, escueto. No se adorna con el vocabulario de Delibes pero refleja perfectamente lo adusto del personaje y cómo es su carácter sin adornos. Sorprenden palabras como “porlan” que tan poco académicas resultan y, sin embargo, tan en uso estaban en la época.
¿Que La familia de Pascual Duarte, por cierto de título mucho más apropiado que Un plan sangriento, es mucho más cortita y por ello de menos mérito? Es verdad que hay muchas grandes novelas cortas y que las largas son más difíciles pero no es excusa. Y para el lector es mucho más tolerable lo breve aun cuando no fuera bueno (que no es el caso).
En las ediciones posteriores a 1960, al menos en la mía, hay un prólogo maravilloso del propio Cela. Aunque nunca éste me resultó simpático, leerlo me reconcilia con él. Hay libros cuya primera frase resulta ya impactante:
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”
“La heroica ciudad dormía la siesta.”
«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».
En La familia de Pascual Duarte esa primera frase resulta deslucida por mor de esos documentos anexos que la acompañan. Pero lo primera frase del prólogo compensa con creces la carencia:
“Pascual Duarte, a fuerza de llevar tiempo y tiempo sin mudarse de ropa, estaba sucio y casi desconocido. Muy limpio, lo que se dice muy limpio, no lo fuera nunca, bien cierto es, pero tan sucio como últimamente andaba tampoco era su natural…”
*Novela literaria
