¿Lo que hace interesante a una biografía es la forma en que está escrita o la vida del biografiado? Resulta fácil encandilarse con la vida de esta Milena de Praga, con esa presentación tan potente, sin coma, que da título al libro. Debió ser una mujer estupenda que supo ir conquistando su libertad poco a poco. Tuvo la suerte de nacer con cierta posición social y de tener alguna educación. Sin embargo, eso no le condicionó excesivamente, ni para bien ni para mal, y, de hecho desperdició buena parte de sus posibilidades. Constituyó un asidero que tuvo siempre pero en absoluto los cimientos de un gran ser humano. Ése fue fruto de una evolución propia del personaje. Porque lo que destaca de Milena, más que sus logros, es su crecimiento interior, lento, titubeante de joven y pleno en la madurez. Un crecimiento forjado a base de pequeños errores y, sobre todo, de una gran capacidad de apreciar la belleza, ya sea en la literatura, en la arquitectura o en las personas. De apreciarla y de imitarla hasta crecer en libertad por encima de cualquier otro condicionamiento. Y todas sus etapas, desde la frustrante vienesa pasando por la de Frank Kafka (sí, Frank) y el quiero y no puedo de Praga son un continuo aprendizaje que le llevará a la libertad más absoluta justo cuando, en un campo de concentración, era lo único que podía tener.
Viendo la foto de la portada cuesta imaginar ese atractivo inicial de Milena e incluso también la fuerza interior que desarrollaría. Quizá es Monica Zgustova quien hace brillar a un personaje que no destacó especialmente en la literatura ni en el feminismo ni en la política… Y cuyos comportamientos, aunque no dieron para tomar una barricada a pecho descubierto enarbolando una bandera, fueron igualmente heroicos. Me recuerda a la Agnes de Hamnet, con el mérito de saberse abrir su propio espacio en la sociedad que le rodea. Lo cierto es que la coherencia no suele ser una virtud por la que se destaque en la posteridad y si pese a todo en Milena sucede, mucho debe ser mérito de la autora. Un buen escritor hace apasionante aquello que escribe por encima de otras circunstancias.
Con una estructura muy sencilla de cuatro grandes capítulos separados por epígrafes que le permiten ir un poco a salto de mata, Monica Zgustova pone voz a Milena y nos cuenta a grandes rasgos aquello que permite comprender su valor. El amor por su país, el gusto por la arquitectura, la pasión por el lenguaje, su propia metamorfosis a través de las traducciones, el impacto causado por sus parejas… Todo va haciendo a Milena de Praga una gran mujer. Una mujer que se hizo plenamente libre al ir eligiendo en qué comprometerse. Como debió ser también Rosika Schweimmer pero contado con menos pretensiones y mucha más pasión. (Es curiosa la similitud de las portadas de los dos libros). Y eso a pesar de que hay algunas frases mal escritas (quizá erratas de impresión) y faltan muchas comas.
Por cierto, nunca había visto una equiparación tan cruda entre el comunismo y el nazismo. Que sea algo evidente no le resta mérito ya que lo habitual es recordar la invasión oeste de Polonia el 1 de septiembre de 1939 y olvidar la del este de quince días después. Milena y Monica no sólo hablan indistintamente de los campos de concentración comunes sino que tienen el valor de elevar a general aquello que normalmente no pasa del detalle concreto.
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Traducción:
Curiosamente parece que Monica Zgustova escribe directamente en español y lo hace estupendamente (salvo por algunos fallos de puntuación). Hace no mucho leí Una soledad demasiado ruidosa, traducido por ella del checo. No me gustó, y de hecho no escribí nada sobre ese libro, pero la traducción me pareció impecable. Así se entiende que la autora haga decir a Milena que traducir es la forma más profunda de leer. Posiblemente Mónica y Milena se funden en muchas ocasiones y ahí esté el secreto de este libro.
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*Historia?
