Hace ya muchos años discutía yo sobre si la novela ambientada sin más en un contexto histórico entraba en la novela histórica o no. En mi opinión, no basta eso, puesto que toda novela se enmarca en algún momento, sino que necesita que los hechos históricos tengan especial relevancia para la trama e incluso los determine. Lo que no consideré entonces era la posibilidad de que se alteraran los hechos de manera significativa o que la trama de la novela se alejara mucho de la Historia. Éste es el caso de Morir bajo tu cielo, en donde a lo largo de mil quinientas páginas, que se dice pronto (y que aguanté porque creía que sería el final la parte histórica), se inventa demasiado y se medio cuentan unos amores que tampoco llegan a gran cosa. Casi en cada uno o dos personajes reflexionan sobre el declive de España… o sobre lo divino y lo humano, con muy tangencial relación con Baler, donde sitiaron a los Últimos de Filipinas.
A eso hay que añadir dos cosas: una, que es una novela maniquea, de ésas en las que los malos son malísimos (y odiosos, vengativos y sádicos) y los buenos son estupendos, alegres, confiados y magnánimos. Las heroínas recuerdan a la Perla de Labuán, nada menos (en morenas). La otra cosa a añadir es que la prosa es barroca, cargante y pesada, que parece redactada para hacer ostentación de un vocabulario innecesario en cada párrafo. Una pesadez, la verdad, aunque se entienda bien por el contexto o porque las palabras, aunque sean rebuscadas, se conozcan. Landero usa palabras más difíciles y sin embargo es un gozo leerlo porque son necesarias. Y cuando no las tiene, las inventa a diferencia de Juan Manuel de Prada que diría que las busca para incluirlas.
Lo leí por recomendación de pasada de una historiadora que dudo de verdad que realmente lo haya leído. Vaya diferencia, también del tema colonial y de derrotas, con El nombre de los nuestros, que sí es interesantísima y entretenidísima además de mucho más corta. Por que si Morir bajo tu cielo tuviera trescientas páginas, sería un folletín sin importancia pero las mil quinientas la hacen insufrible al que, además, le falta tensión.
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Morado/*Novela
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