A diferencia de Amelia P. Villar, Nuria Barrios sí escribe un ensayo sobre la traducción, francamente interesante y agradable de leer. La autora habla de su experiencia con la traducción y cómo fue consciente de su importancia de una manera similar a la que creo que le sucede a cualquier lector: de pronto descubres que la traducción puede alejarse mucho del original y que hay traducciones que te gustan y otras que no. Yo fui precoz en esto porque ya desde los libros de Guillermo el travieso notaba las diferencias entre Guillermo López Hipkiss, Peraire del Molino o Jaime Elías y tenía claro que prefería las de mi tocayo.
Dice la autora que esto de traducir le ha hecho cuestionar todo lo que lee. En mi caso sólo me cuestiono lo que me choca. Como explicaba cuando comenté ese disparate de traducción que era Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas, yo no busco los defectos, son ellos quienes que me asaltan mientras leo. Dice la autora que prefiere pasar a traducir por páginas, sin haber leído previamente el libro. Supongo que así se siente más libre y que logra ir más deprisa, lo que por unos honorarios cerrados, siempre es más beneficioso.
Aunque se trata de una autora ya mayor, también hace sus pinitos con en el lenguaje «inclusivo» pero de una manera más razonable que el “todos y todas”. Ella dice que emplea el masculino o femenino en función de la mayoría de las personas a las que se refiere. Así, si la mayoría de quienes traducen son mujeres, empleará traductoras y cuando escriba para una mayoría masculina de soldados, no usará “soldadas”. Es un tanto artificioso y no sé qué va a hacer si en la necesaria estadística para escribir de esa manera se encuentra con que la mayoría de los periodistas son hombres pero sin duda será mejor que la pesadez de periodistas y “periodistos”. Uno se pregunta por qué la mayoría de las escritoras no hacen estas bobadas.
Por lo demás, Nuria Barrios va contando que las traducciones son como representaciones diferentes de una misma obra de teatro, que lógicamente cambian con los actores, decorados, el momento, etc. Lo hace con gusto y apoyándose en infinidad de citas hasta llegar a Ortega, que consideraba la traducción como una tarea sencillamente imposible. De hecho Ortega creía que el propio lenguaje es una versión muy amputada de la realidad de nuestro pensamiento. Lo cierto es que hasta las palabras más sencillas, no reflejan lo mismo en dos lenguas. De un bosque mediterráneo nunca emanarán las brumas del “wald” germánico que pueden verse en tantas películas. Si una palabra tan básica como “bosque” tiene matices tan diferentes en la traducción, a saber qué relación queda al traducir todo un libro. En todo caso, Ortega consideraba la traducción la más humilde de las faenas intelectuales de manera que no sé hasta qué punto será una referencia a considerar por quien se tiene por traductora profesional. En cambio, cita con acierto a Octavio Paz (pág. 93), a Andrés Neuman, a Polizzotti y explica bien por qué cambió en la traducción a unos vagabundos irlandeses por unos quinquis, todos con su propia jerga. Aporta curiosidades interesantes como la del título de La Metamorfosis de Kafka. Como en general estoy de acuerdo con la necesidad de libertad del traductor y como el ensayo se lee muy bien, me ha gustado.
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Traducción y lenguaje:
Lógicamente, aquí no procede la traducción, pues la autora es española y escribe en español. Sin embargo, tiene algunos errores importantes desde la segunda página y otro más pocas páginas después. “Si me hubiese detenido… habría sentido vértigo”(pág. 12). O eso de “temer la Seca” en vez de “a la Seca”(pág 15). Sólo se teme sin preposición cuando se sospecha, no cuando se tiene miedo. Se teme la visita, se presiente que acaecerá, pero no se tiene miedo de ella realmente. Y como la autora tiene miedo de la Seca, no es que anticipe que le va a afectar, hay que “temer a la Seca” como se teme a la Parca. En estos errores si coincide con Amelia P. Villar, que también tenía algunos tan sonados como éstos.
¿Serán erratas? ¿Obedecerán a fallos de la impresión? ¿Realmente la autora yerra con la concordancia de los verbos? En el caso de “la Seca”, el error se repite varias veces por lo que lo probable es que no sea una errata. Y lo que es peor: si alguien que se dedica a escribir, doctora en Filosofía, con tantísimas citas que deben venir de otras tantas lecturas, comete esos errores… ¿qué no tendrán estos comentarios míos de libros? Ciertamente apenas los releo y cuando lo hago, siempre detecto gazapos. Pero qué será de los errores que lo sean de verdad y que yo esté repitiendo con contumacia? Uf, querría repasarme todo lo que he escrito aquí pero se me antoja una tarea ya imposible. Un día observé que tenía que cuidar más “por que” y “porque”, ahora estoy intentado cuidarme del leísmo… pero a saber qué otras cosas habré escrito en tantos años sin revisión.
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*Pensamiento
