Dos de las tres novelas que he leído de las premiadas por los Goncourt son de las que podríamos llamar históricas; relatan un hecho menor y lo hacen de una manera un tanto particular. Las dos me han parecido malas: El orden del día y ésta de Laurent Binet cuyo título, más allá de llamar la atención, es innecesariamente críptico (HimlersHirnheiβt Heydrich).
Por otra parte está de moda (lleva ya unos años) escribir novelas-reportajes relacionados con algo de la Historia reciente contando a la vez el proceso creativo del escritor. No creo que ninguno de los que he leído de este tipo (Soldados de Salamina, Recordarán tu nombre…) me hayan gustado gran cosa. Diría que todos adolecen del mismo problema: tienen muchísimo menos para contar de lo que les gustaría a los autores y han de completarlo con sus problemillas y emociones para poder llegar a un número de páginas suficiente. En realidad no se trata sólo de completar páginas sino también emociones. Como los hechos que narran dan para poco, o los autores no les saben sacar la esencia, o la esencia que saben sacar les sabe a poco hoy en día, se ven en la obligación de añadirle un poco de cosecha propia.
Digo hoy en día porque creo que ése es parte del problema: hay cierta historia que hoy no basta con contarla; hay que hacer anatema de ella. No creen estos escritores que los lectores seamos capaces de percibir la maldad que había en sus Heydrich sólo por los hechos. O no se quedan a gusto sin exhibir su odio hacia el nazismo, el fascismo, el comunismo o lo que toque.
Yo diría que la mayoría de los lectores somos gente normal que sabe de sobra lo malo de los extremismos y que no necesita que se lo estén apuntando todo el rato. Creo que nos merecemos más confianza y que nos cuenten historias sin miedo a que no pensemos como quiere el autor. Primero, porque la mayoría pensamos como él sin necesidad de que nos fuercen y segundo, porque estaríamos en nuestro derecho de discrepar y no pasaría nada.
Del libro en sí, poco que añadir. La historia de un atentado del que hay poca información quizá porque tampoco fue una operación demasiado compleja y de la que un escritor más desinhibido, habría podido sacar una buena novela o uno menos comprometido conseguido un buen libro-reportaje. Está claro que A sangre y fuego, El cielo de Lima o A sangre fría o El Adversario, por citar dos buenas novelas de cada tipo, no están al alcance de cualquiera.
*Sucedido
