Final del juego es uno de los famosos libros de cuentos de Cortázar, quien se distinguió por los relatos cortos además de por Rayuela. Si con frecuencia pienso que los libros de relatos deben dosificarse y no ser leídos de corrido, con Cortázar esto me parece aún más importante. Porque sus relatos son complicados y cada uno da la sensación de ser en sí mismo un experimento. El lector pasivo que debo ser a juicio del autor no digiere fácilmente tanta novedad. Son relatos en los que no sólo falta información desde el principio sino que en muchos casos uno no la va a descubrir en el texto sino que ha de suponerla o, simplemente, eludirla para entrar en una reflexión más abstracta.
Cortázar juega con varios planos de realidades entremezclados. Quizá el más sencillo sea el archiconocido de La continuidad de los parques, beneficiado sin duda por lo cortísimo que es: en apenas dos páginas se pasa del lector que se arrellana a leer en un sillón verde a las aventuras de su libro sin que acabe de estar muy claro quién lee a quién. Pero pueden complicarse mucho y al leer las confusas cartas de Sobremesa, uno no acaba de saber muy bien si tales epístolas narran los sucedido o lo provocan. Los títulos, además, ayudan poco con lo que uno ha de leer despacio y dejarse llevar sin miedo, eso sí, con el riesgo de no llegar a ninguna parte.
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Traducción y lenguaje:
Los cuentos de Cortázar, leídos despacio y de a poco, son maravillosos porque uno disfruta con una prosa riquísima y unas elucubraciones sorprendentes. Pero, además, como pasa con los escritores argentinos, porque le hace a uno pensar en esas pequeñas diferencias de allá y acá que hacen que llamen intervalo a lo que nosotros denominamos entreacto o intermedio, por ejemplo.
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*Relatos
