Sorprende el título de Demasiado lejos en un libro de la guerra de las Malvinas escrito por un argentino, Eduardo Sacheri, porque en ese caso para los británicos las Falkland habrían estado más allá del infinito pero, claro, es que más que por lo geográfico hay que tomárselo por lo sentimental. Una novela que me ha recordado a Nosotros dos en la tormenta por la estructura fragmentada del relato, también ambientado en un momento concreto de la historia argentina. Y, de hecho, adolece de los mismos defectos: falta conexión entre los personajes que pretenden transmitir el ambiente general de la crisis.
Yo me entusiasmé con Sacheri en La noche de la usina, una novela que, aunque ambientada también en un momento concreto, la crisis del corralito argentino, iba mucho más allá de eso. Trasladaba la situación pero a través de una historia muy cinematográfica. Y, sobre todo, tenía una profundidad en los principales protagonistas, que realmente elevaban la novela. Sin embargo, en Demasiado lejos es la crisis la que domina todo. Mediante tres grupos con escasa conexión, personal más o menos relacionado con el gobierno, los parroquianos de un bar y dos familias unidas tan sólo por los hijos reclutados para la guerra, no se crea una novela. Es verdad que tampoco es una crónica puesto que se centra en cómo sentían la guerra unos y otros más que en la guerra en sí. Pero no ser una crónica tampoco convierte al libro en una novela, o al menos en una como las que Sacheri es capaz de escribir.
Traducción y lenguaje:
Me encanta leer a escritores argentinos, lo digo muchas veces, porque escriben parecido pero no igual que los españoles. Esas diferencias hacen que para entender bien los textos caigas en cómo decimos las cosas aquí (en vez de acá) y hacen que percibas matices, orígenes o simplemente evoluciones diversas del lenguaje. Aquí nos movemos “como Pedro por su casa” mientras allá es como Pancho por la suya. Aquí tenemos reuniones “a puerta cerrada” que allá son “a puertas cerradas”. Nosotros discutimos “a gritos” y ellos “a los gritos”. Los españoles nos podemos llevar “como el perro y el gato” pero los argentinos se llevan “como perro y gato”. Hay diferencias que parecen obedecer a la cercanía del inglés con su facilidad para hacer verbos y será por ello que nosotros “pasamos revista” a las tropas mientras ellos las “revistan”. O llamamos “sobretodo” a lo que ellos llaman “overol” (supongo que por over all). Uno se pregunta por qué nos ponemos “cazadoras” en vez de “camperas” las excursiones cinegéticas son mucho menos frecuentes que las campestres. Parafraseando a Álex Grijelmo con su genio del idioma, uno se pregunta qué haría que quienes se salvan de unas lluvias torrenciales mediterráneas sean supervivientes pero si se trata de un alud andino sean sobrevivientes. O por qué un aperitivo, un picoteo en Madrid es una picada en Buenos Aires. Apasionante.
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Verde/*Novela
