Propuesta sobre lenguaje inclusivo

Álex Grijelmo

Guillermo del Campo
Fecha: 13 de junio de 2024
Categoría: Ensayo, Sin categoría

El libro se llama Propuesta de acuerdo sobre lenguaje inclusivo y como subtítulo reza “una argumentación documentada para acercar posturas muy distantes”. Yo, que soy muy optimista, creo que las opiniones no estarán muy alejadas en el plano intelectual. Otra cosa es el ideológico o, para mayor exactitud, el de la militancia partidista. Como en el fútbol, estoy convencido de que dos forofos, uno del Madrid y otro del Barcelona, se pondrán de acuerdo sin mucha dificultad ante un penalti pitado al Coruña en un partido contra el Albacete. Pero nunca alcanzarán ese consenso en un partido que enfrente a sus dos equipos. Los forofos, por definición no quieren entenderse, viven de la confrontación. Son personas que mudan por completo sus opiniones en función de quién las motive y razonar con ellos, como con los fanáticos ideológicos, es perder el tiempo. Pero, sí, entre personas normales, el acuerdo debe ser relativamente sencillo y las propuestas de Grijelmo, sin compartirlas por completo, son muy razonables. (*)

Cogí el libro con cierta prevención porque el autor, gran divulgador lingüístico, es también conocido por sus intensas simpatías socialistas. Cuando lo empecé, me entusiasmé porque dedicaba muchas páginas interesantísimas a explicar el funcionamiento del lenguaje de la forma clara y sencilla que él tiene y que conocía de otros de sus libros: El genio del idioma, Defensa apasionada del idioma español, La seducción de las palabras, y La gramática descomplicada, que yo haya leído. Cuestiones como que más bien hay género femenino y neutro, y que el masculino invade el neutro forzado por la aparición del femenino. O el absurdo de pensar que la lengua puede transformar a la sociedad cuando en realidad es su reflejo y que el parsi, que carece de género, no hace a Irán o Afganistán más igualitarios que España. Muchas páginas de argumentos sólidos, con abundantes citas en un sentido y en otro que da gusto leer.

Luego, pasada la mitad del libro, como si tuviera que disculparse porque desde un punto de vista lingüístico quita más que da a los partidarios del “todos y todas, compañeros y compañeras”, se adentra casi en cuestiones morales (que si quién es un alcalde, juez o sacerdote para autorizar a los novios a besarse, por ejemplo) y ese rigor lingüístico da paso a incesantes “ojalá nuestra sociedad cambie pronto” que por supuesto comparto, pero que me parecen completamente innecesarios además de reiterativos. El interés del libro entonces decae, conforme no deja de citar a VOX como ultraderechista y a Podemos como izquierdista a secas, o mientras nos recuerda diversas fechas y personajes para mayor gloria del PSOE, que no vienen a cuento en absoluto. Como bien dice el autor, cuando alguien comienza diciendo “hola a todos y a todas” no sólo está saludando, te está colocando sus ideas para abrir boca, nunca mejor dicho. Porque la información innecesaria también tiene su objeto.

De todas maneras, obviando esa necesidad de los militantes de catequizarnos a cada instante con la bondad de sus ideas, es un libro cuya primera mitad es estupenda (al menos para quien sabe poco del tema, como es mi caso) y la segunda entretenida. Además, tiene una “advertencia ortográfica” que me ha ganado por completo. También me ha servido para fijarme una norma a este respecto: las palabras que no acaben en «o» y que se refieren a actividades en las que ahora es normal que haya mujeres, las dejaré estar: la juez, la conserje, la pinche la cónsul, la chófer, la corresponsal la presidente (que además significa que preside, como precedente que precede o la cuenta corriente…). Las palabras que sí acaben en «o/a» referidas profesionales del sexo contrario al correspondiente a su terminación, las adaptaré: una médica y un enfermero, por ejemplo. Pero aquellas que acabadas en «o/a» funcionaban con la terminación opuesta a la normal, las dejaré sin cambiar para evitar a las modelas y a los periodistos, logopedos, pedriatros, deportistos, atletos, taxistos, etc. Y los plurales genéricos los dejaré como están, incluyendo en ellos a todos.

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(*) Ejemplo de una que no comparto: el mueble llamado “coqueta” lo usaba mi abuela para acicalarse ante un espejo. Al parecer, recientemente se ha suprimido del diccionario que lo usaran especialmente las mujeres. La definición antigua decía mueble de tocador, con espejo, usado especialmente por las mujeres para peinarse y maquillarse y la actual definición mueble de tocador, con espejo, usado para peinarse y maquillarse. La realidad es que los varones no usan un mueble con ese nombre. Es más, dudo de que se llamen así los que haya en los camerinos, en donde habrá actores y actrices maquillándose, pero incluso aunque así fuera, la realidad es que se trata de un mueble usado por mujeres aunque en alguna profesión concreta pudiera dar servicio a los varones. La definición antigua me parece más precisa y esclarecedora que la corregida.

*Saber

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