No hay duda de que Carrere es un magnífico narrador capaz de hacer amena cualquier historia hasta, como en este caso, la de su familia de orígenes rusos. En realidad esa historia familiar no es más que la excusa para contarnos la relación que tuvo con su madre, recientemente muerta. Como yo creo que eso no le daba para un libro, añade el resto, quizá de un modo fragmentario, como escrito por partes, lo que se nota levemente en alguna repetición, pero con un resultado estupendo: nos interesamos por sus antepasados regicidas, apreciamos la sinceridad en los duros juicios que hace de la Sra. D’Encausse y sentimos el profundo cariño que se tenían a pesar de los desencuentros. No es nada fácil contar tan bien la muerte, ni siquiera la de un ser querido. Me ha recordado, por lo profundo y bien contado, y aunque fuera ficción, a Hamnet, el niño de los Shakespeare que moría. En realidad, tampoco sabemos cuánto de real y de inventado hay en Koljós.
El libro no te engancha de inmediato pero tampoco te produce pereza. Se lee de manera agradable y poco a poco uno se va imbuyendo de los sentimientos hasta llegar a las páginas finales. Nos habremos sorprendido por la dureza de algunos comentarios, interesado por algunas historias, y cuando estamos preparados Carrere nos sume en los últimos días de su madre, sin sensiblerías pero haciéndonos sentir profundamente lo que él nos transmite. Uno se pierde un poco en el árbol genealógico a caballo de Rusia, Georgia y Francia, pero es que no tiene importancia. Carrere narra casi de una manera oral, con repeticiones, interpelaciones, preguntas…y simplemente hay que dejarse llevar por él. Pongo un ejemplo de la página 42: “¿Cómo conoció mi madre a Maurice Bardechei? Lo más probable es que fuera acudiendo al cementerio de Charonne. El cementerio de Charonne es el cementerio más pequeño de París…” Te pregunta, repite el cementerio… parece que más que leerlo estuvieras hablando con él.
La historia de sus padres, por otra parte, es muy dura. Recuerda vagamente a otro ejercicio literario, en este caso de Elvira Lindo, cuyos padres tampoco tenían una relación perfecta. A pesar de ello, la autora fue capaz de sacar en A corazón abierto lo mucho de valioso que había. Los padres de Carrere viven cincuenta años separados, distantes en el mismo domicilio, queriéndose sin saberse perdonar. Eso tampoco es fácil de contar.
El autor cuenta como quien charla, no sólo anécdotas familiares sino reflexiones sobre el fracaso del comunismo (“si en el cien por cien de los casos el comunismo sólo produce tiranías sanguinarias, no se trata de accidentes desafortunados, sino de su propia naturaleza”), de Ucrania y la importancia de evitar que sea un primer paso al que más adelante sigan otros, del COVID y de las pequeñas transgresiones que cometió, en otro ejemplo de sinceridad que me sorprende porque tiene razón, no conozco a nadie que haya cumplido todas las normas de confinamiento que nos impusieron. A nadie. Todos presumen de haberlas cumplido a rajatabla pero cuentan, tan pronto se descuidan, que iban a llevar comida a alguien “con dificultades” o que habían formado un “grupo burbuja”… Todo tipo de eufemismos para ocultar que se saltaron las normas cuando lo consideraron conveniente. Carrere es la primera persona que no dice que las cumplió del todo y que no busca excusas aunque las tenía. No alardea, simplemente lo cuenta porque ha de explicar lo que le sucedió.
Tan a corazón abierto habla Carrere que, aceptando una cierta dosis de ficción que él mismo reconoce, el libro suscita una reflexión aparte sobre el derecho a contar los pormenores familiares cuando éstos afectan a más personas. ¿Les habrá gustado a sus hermanas que sea de dominio público que “hacer koljós” consistía, cuando eran niños, en pasar la noche en el dormitorio con su madre? Pongo eso como algo relativamente intrascendente aunque suficientemente íntimo como para quepa la duda. Creo que una antigua pareja del autor llegó a preguntarse hasta cuándo tendría que ser objeto de las fantasías de su exmarido. Carrere opina que la literatura es el lugar en donde no se miente, y eso parece alimentar sus libros, al menos lo que yo he leído: El adversario, Una novela rusa y De vidas ajenas. La primera, al menos, es sobre un crimen bien conocido, al modo de A sangre fría, pero la segunda le malquistó con su madre por un periodo de dos años y el título de la tercera deja pocas dudas acerca de la trama. Quizá él no mienta pero entiendo que eso no justifica que airee detalles de terceros. Tal vez podría escribir cambiando nombres y sitios pero, es cierto, su gracia está en la verosimilitud aún aceptando que sólo es una visión concreta y que, al fin y al cabo es literatura, adaptará algún detalle a las exigencias narrativas. La capacidad de ficción de Carrere parece inversamente proporcional a la de narrar lo intrascendente, que es la que lo hace genial pero, sin duda, hay daños colaterales en todo ello. Por suerte no creo que yo vaya a estar entre los damnificados y, en cambio, sí estoy entre los que disfrutamos de sus libros.
Comentando el libro con otros amigos me di cuenta de que la personalidad de Helene Carrere que se desprende de Koljós produce un cierto rechazo que les hizo hace menos agradable la lectura que a mí. Lo cierto es que yo sí aprecio a una mujer que debió ser de rompe y rasga y que también, como todos, tendría luces y sombras. Esos contrastes, inevitablemente, se acentúan en personajes de la relevancia que ella alcanzó pero no le resta mérito ni pueden ocultar las virtudes, que sin duda existieron también de puertas para dentro como parecen atestiguar sus hijos y nietos. Yo tuve una abuela que se le podía parecer a distancia: sus anécdotas familiares son terribles, las que yo viví, también. Y sin embargo, la queríamos mucho con sus extravagancias sin necesidad de que tuviera un funeral de estado como el de la madre de Carrere.
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Traducción: Juan de Sola
Buena traducción a mi modo de ver, fluida y natural, aunque del francés al español siempre es más sencilla, pero en la que hay que destacar el esfuerzo por traducir la poesía con rima. Engrosará el anexo de Matemáticas Bilingües.
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*Sucedido
