Novela que trata de varios temas mezclados y que quizá se queda un poco a medias de todos, aunque puede que ése su encanto. Por una parte, la ¿lucha? de dos hombres, Fowles y Pyle por Phuong, a la que sólo mueve quien mejor futuro le ofrezca. Por otra parte, la guerra colonial francesa en Indochina que va más allá de un telón de fondo y cuya narración me ha parecido lo menos interesante. Además, la vertiente terrorista de la guerra, más urbana, que proporciona motivaciones añadidas a los personajes y que anticipa la intervención estadounidense (que cuando se publicó el libro aún no se había producido). Y rodeándolo todo, una dura crítica al colonialismo que va más allá de los territorios y alcanza también la propia Phuong.
La novela me parece estupenda por lo que sugiere y hace reflexionar aunque algo excesiva en la tranquilidad, no sólo del estadounidense sino también del inglés. Por eso dudaba antes de si podía hablar se de la lucha por una mujer. Estando en una guerra, con bombardeos y jugándose un supuesto amor, la novela transcurre como una conversación en mitad del te. Y cuando los personajes se ven inmersos en algún fuego cruzado (en una torreta de la frontera) sólo les falta decir algo como “bondad graciosa, nos disparan”. Únicamente la escena de la explosión de la plaza me parece que tiene el aturdimiento propio e la situación que puede disculpar, de nuevo, esa tranquilidad nihilista de la narración. Se llama “El americano tranquilo” pero podría extenderse al resto de personajes.
Graham Greene ejerce de periodista y la novela lo acusa, no sólo en los personajes sino en su aire indolente, cínico y como de soldado sin desayunar del que adolecen Sergio del Molino (la comparación es suya) o Pérez Reverte en sus libros. El idealismo de Pyle, seguidor de utopías choca con el cinismo de Fowles tanto en su solución para Vietnam como en la que propongan para Phuong. En ocasiones me parece que esa desgana ahoga la narración, como cuando la torreta tiroteada “huele a orines y a injusticia”. Sin embargo eso no empecé que haya momentos muy buenos en uno u otro sentido: el atentado de la plaza, en una dirección, y la declaración a Phuong por persona interpuesta en la otra.
No, no es una gran novela, pero es una buena novela. Con recuerdos al comisario de Casablanca o a la saga de Lemaitre por esos lares. Y, por cierto, me resisto a admitir que los estadounidenses se apropien del gentilicio “americano”.
Traducción: Miguel Temprano
Me ha parecido muy buena; no recuerdo haberme tropezado ni una sola vez. Pasará a engrosar el Anexo de Matemáticas Bilingües.
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*Novela
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