Es apasionante eso de dejar correr la pluma por el teclado y escribir casi por escribir. Bueno, lo mejor debe ser que además resulte algo bueno y te lo publiquen, como es el caso. En eso consiste un ensayo y en eso consiste La España vacía: con la excusa de hablar del interior español, Sergio del Molino nos cuenta de viajes, literatura, música, cine, historia… todo con una fina ironía y una prosa fantástica. El tema es lo de menos, esperaba otra cosa, pero a pesar de ello es un placer leer así, por leer. Porque cuando menos te lo esperes vas a encontrar buenas ideas tales como que el paisaje no es sino literatura o se te caen tópicos como el de la famosa ardilla que en tiempos remotos iba de Sagunto a la torre de Hércules saltando de árbol en árbol… ¡Qué alivio descubrir que posiblemente no hayamos deforestado toda la península! A mí por lo menos siempre me agobió un poco, la verdad.
Un tanto iconoclasta, es un gusto ver cómo el autor reparte a diestro y siniestro sin complejos pero también con respeto. No se ensaña con los blancos de sus cuentos aunque destaque sus errores con meridiana claridad y abundancia de argumentos. Incluso los disculpa colocándolos en su momento pero lo mismo le da que sean cineastas que estudiosos del Quijote, políticos franquistas o recientes, héroes o villanos. Eso de que el nacionalismo español explica la conquista de Mejico por la manera en que una carrasca se inclina en la dehesa extremeña o que algunos en España tenían una mezcla de integrismo santateresiano con chulería de soldado sin desayunar, me pareció genial.
En definitiva, el libro parece una conversación amena con el autor que brinca de una cosa a otra con un cierto hilo conductor que sin embargo no le impide escribir de lo que le apetece con mucha gracia.
*Pensamiento
