Entretenida novela de quinientas páginas que podría calificarse de histórica al ambientarse en el año y medio revolucionario que sufrió Portugal a partir de abril de 1974. En realidad, comienza y acaba más como novela de una familia, o más bien de tres hermanos, pero en medio sí relata mucho de aquellos meses que discurrieron casi en paralelo con los equivalentes españoles. No sabía que la Revolución de los Claveles había sido tan caótica ni traumática. Quizá quienes ahora critican tanto nuestra Transición podrían tomar nota de las alternativas que habrían podido darse, porque los portugueses estuvieron al borde de la guerra civil…
La parte novelada está bien contada, quizá al principio un tanto simplista en la asignación de los roles de los tres hermanos, al estilo de Patria, pero que resulta mucho más clara que cuando los personajes comienzan a desdibujarse. La parte histórica es un tanto confusa, como debió ser ese periodo. Y el final, un poco rocambolesco.
Lógicamente, recuerda mucho al maravilloso Sostiene Pereira y tanto de la novela como del tebeo emergen personajes como el director del periódico o la Marta revolucionaria. Ricardo Walker, el corresponsal extranjero, también tiene algo del Robert Jordan de Hemingway.
Quizá lo más interesante sea la parte política, tanto de crítica directa como de ridiculización fanática, que lleva a concluir que los revolucionarios hacían al pueblo portugués más libre a costa de que los portugueses lo fueran menos. Se aprecia bien cómo el fanatismo, de ambos extremos, reniega de la democracia y de la libertad individual en aras de un paraíso por venir que tiene mucho de religioso y de imposición. “El pueblo no puede votar contra sus intereses”. Cuando el dogmatismo y el totalitarismo de esas ideologías es el único referente, los compinches surgen con facilidad y las conexiones terroristas, cualesquiera que sean sus excusas, son significativas: la ETA y las Fuerzas Populares del 25 de Abril eran, simplemente asesinos, camaradas de matar gente, sin más, y Revolución los retrata estupendamente. Lo mismo da que sean de un bando que del propio (la Yoyes real o la Maria Luísa ficticia).
En paralelo leí Libre, de Lea Ypi, que tenía paradojas similares como la que se plantea la hermana mayor cuando, mojándose los pies en la orilla del mar tras salir de la cárcel y de las torturas, piensa si “tal vez la libertad no fuera un concepto elevado por el que valía la pena morir, sino una necesidad fisiológica por la que valía la pena vivir.” En ambos libros hay sendas madres abnegadas, avanzadas, liberales y contradictorias, capaces en un momento dado de abandonar a sus hijos. Y en los dos, antes que nada, emerge la necesidad de Libertad por encima de las ideologías.
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Traducción de Rita da Costa
Es muy buena, aunque del portugués al español no debe ser muy difícil. La narración, sobre todo del final, me recordó a Almudena Grandes con sus paradojas, metáforas irónicas (la cena familiar en la que la incomodidad se sirve como plato principal) y su ir y venir con un fondo histórico.
*Novela
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