El duelo de una familia por la muerte, algo accidental, del padre. La fuerte personalidad de éste deja un vacío muy diferente en cada una de las vidas de los cinco hijos y, sobre todo, en la viuda.
De manera muy escueta, ése es el argumento del libro y ciertamente, así contado, no me habría atraído nada. Sin embargo, Oates lo cuenta de una manera cautivadora desde la primera página, que no decae en ninguna de las ochocientas de la novela. A lo largo de un año, la narración salta por los caracteres de los personajes y plantea reflexiones introspectivas de cada uno a la vez que saca a la luz los miedos, rencillas y anhelos que tienen. El título, verso de un clásico estadounidense, refleja de forma vaga pero fiel, buena parte de ese duelo: la oscuridad de los primeros momentos en los que la familia se congrega, como en las Instrucciones para una ola de calor, el hueco que queda en cada uno, el sopor en el que comienzan a replantearse las vidas y cómo poco a poco ven en el firmamento luces hacia las que dirigirse.
Aunque parezca inverosímil, la autora hace que cueste despegarse de cada una de las cinco historias al reflejar con cariño, no exento de crítica, lo que parecía una familia perfecta afincada en una pequeña población del norte estadounidense. Una familia parecida a la de los Clutter en Kansas, de clase media alta, con cierta influencia local, conservadora en las formas y tolerante de pensamiento, con miembros muy diferentes a los que quizá sólo une la admiración a un padre del que siguen oyendo consejos y ánimos una vez desaparecido. Y todo ello sobre el fondo del racismo rampante de Estados Unidos, latente también en la familia aunque ellos mismos se sorprendan, dejando ver las diferencias de género aún tan imbricadas en nuestras sociedades y poniendo al descubierto las costuras de la familia. De forma muy sutil, además, Oates pone en cuestión esa figura totémica del padre con las lecturas citadas y nunca acabadas o con los compromisos propios de un político, ajenos a los ideales que dice sostener. Cuesta distinguir lo que es crítica de lo que se le escapa a la autora, (al fin y al cabo ella es también estadounidense). El supremacismo sajón, en todo caso, resulta abrumador y no sólo por el racismo de andar por casa: hasta menciona un holocausto español en América, precisamente cuando en la novela aparecen descendientes de indígenas caribeños, de los que los puritanos sajones no dejaron rastro en el norte.
La forma de relatarlo es para mí lo más impresionante del libro. Te cuenta lo que ya ha sucedido un par de meses atrás para, mucho más adelante, explicártelo mejor en un texto casi continuo en el que a veces cuesta saber quién está hablando o pensando pero porque es irrelevante ante el dolor común. Se suceden reflexiones y acontecimientos mezclados, y se pasa de la idea a la práctica o a la conversación sin transición alguna, un poco como sucede en El corazón helado, por ejemplo. En una línea está pensando en organizar una fiesta y en la siguiente está recibiendo a los invitados. Pero eso que parece un caos, se va descubriendo organizado en lo temporal y en la estructura que sigue la secuencia el título. Con un prólogo atractivo, un buen final en el día de Acción de Gracias y un mejor epílogo en las Galápagos, logra un relato muy real, verosímil, triste y alegre a la vez.
En medio aparecen algunas ideas interesantes como que la empatía con la que con frecuencia consolamos a otros es también una manera de apropiarnos de su dolor, haciéndolo una variante del nuestro; que uno es tan feliz como el más infeliz de sus hijos o que, muchas veces, el orgullo está en no fijarse demasiado. El mismo agobio del moribundo se expresa magníficamente en una frase: “el mayor esfuerzo… respirar”. Y tanto.
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*Novela
Traducción: Nuria Molines Galarza. (Merece un lugar destacado en el anexo de Matemáticas Bilingües).
