Toda la noche oyeron pasar pájaros

José M. Caballero Bonald

Guillermo del Campo
Fecha: 22 de agosto de 2021
Categoría: Sin categoría

Las ganas con las que cogí este libro se me pasaron al leer el prólogo cuya única virtud, aparte de dar una idea de la indolencia con la que se escriben estas cosas, es su brevedad. Pero volví a ilusionarme conforme se iban presentando los personajes con una buena prosa y riquísimo vocabulario.

En efecto, la narración es bonita y agradable. Eso no impide que en ocasiones sea también excesiva: a la descripción de que “iba como agobiado por el improbable peso de un saco medio vacío” sólo le falta “de una arpillera sedosa” para caer en lo ridículo. Pero la primera parte del libro logró captar mi atención con construcciones como “mucho tiempo después harían evocar todo aquello.” o la ubicuidad de Herminia que tanto recuerdan a Gabriel García Márquez.

La segunda parte, aunque lenta y difícil, porque en cada capítulo uno ha de desentrañar de quién está hablando y lo que ha sucedido que no se ha contado, mantuvo mi interés. Con medias palabras los caballistas de los que habla también Chaves Nogales iban prometiendo una historia y pese a las dificultades para situarse en el tiempo y lugar parecía que avanzábamos. El final parecía anticipar más cosas. Los diálogos, parcos y escasos eran suficientemente elocuentes y la ambigüedad todavía entraba dentro de lo tolerable.

Pero al llegar la tercera parte… descubres que Caballero Bonald apenas te va a contar nada. Que los personajes aparecen y desaparecen como por ensalmo. (¿Qué fue del escondido en la charca? ¿O de Anafre, y por qué no le delató? ¿Y de tantos otros?). Cuando te das cuenta de que el esfuerzo de la lectura se va a quedar en eso… se te empieza a aparecer Iris Murdoch y hasta lo poco que cuenta deja de interesarte. Es el momento en el que te carga que se oigan los colores, se vean los sonidos, se palpen las luces…y que todo eso sea sólo para que tú mismo decidas qué pasa o qué querrías que pasara. Entonces caes en que el prólogo no te había engañado y ves que una buena prosa, aunque tenga el mérito de entretenerte más de trescientas páginas, no remata un libro en otras ciento cincuenta.

*Novela literaria

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