Silencio administrativo

Sara Mesa

Guillermo del Campo
Fecha: 10 de julio de 2025
Categoría: Pretextos

Silencio administrativo cuenta una historia real que bien podría generalizarse: cómo la administración hace como que ayuda a las personas desamparadas sin ayudar realmente en nada. La mayor virtud de Sara Mesa es que no ha cargado en absoluto las tintas, quizá por que la realidad es tan, tan desoladora, le ha bastado ésta sin demagogias. Y ciertamente es consciente de encontrar el equilibrio adecuado entre la necesidad de evitar el fraude y la posibilidad real de que ayuda llegue realmente a quien la necesita. Cuenta cosas tan tontas como las ventajas de la cita previa pata todo en la Administración, que ha acabado con las molestas colas… en buena parte porque los teléfonos en donde se piden las citas nunca están operativos. En Oposición, la autora contaba también que no sólo desaparece la molestia de la espera para quien pide información o ha de realizar algún trámite. También desaparece la molestia para el funcionario de las colas interminables de personas de las que prefiere no saber nada.

Aunque el libro se centra en la pobreza y en los sin techo, y destaca algunas de sus particularidades tales como la poca empatía que esta gente despierta en los ciudadanos, el problema social está mucho más generalizado. Las citas previas imposibles están ya en las oficinas bancarias, por ejemplo. Mucho de lo que Sara Mesa denuncia podemos encontrarlo exactamente igual en otras administraciones y en la empresa privada aunque no siempre afecte a personas tan vulnerables: hacer como que hacemos se ha convertido en la norma de una sociedad en la que la imagen es mucho más importante que la realidad.

Por supuesto, los políticos son especialistas en vender humo (y los votantes en comprárselo) pero la realidad es mucho más prosaica y voy a poner algunos ejemplos:

Con la importancia que da cualquier ayuntamiento al reciclaje, durante muchos años pude constatar (ahora ya no tengo ocasión de hacerlo) como aunque el vidrio particular se recogía separadamente en contenedores muy aparentes, los miles de botellas procedentes de los bares de Albacete iban a parar a un camión de basura general.

Bajo en nombre de Servicio Público de Empleo, también abonado a la higiénica cita previa, nadie asesora en lo más mínimo a quien está dispuesto a algo tan de moda como  “reinventarse” ni facilitan información de la miríada de puestos públicos a los que se podría optar con cierta facilidad aunque sea para ingresar en una bolsa de trabajo. Peor: cuando se pide información sobre cómo gestionar las posibles prestaciones, los funcionarios se aprovechan de que los necesitados se conforman con empezar a recibirlas y no les informan de las infinitas maneras en las que se las van a reducir, o incluso quitar, por no pedirlas de la forma o en momento óptimo. En cuanto al trato… Nuestros servicios de salud demuestran que es posible hacerlo bien y su personal es extraordinariamente amable. No es casual, sin duda ha habido consignas y formación para que se atienda mejor a los pacientes. ¿Por qué no se hace lo mismo en las oficinas del paro, donde el trato de los funcionarios es particularmente displicente? Seguro que el hecho de que ya puedan ir a almorzar sin la mirada envidiosa y reprobatoria de la cola de espera supondrá una mejora porque un funcionario que llega a su mesa a las 12.00 con bolsas del supermercado difícilmente puede enfrentarse tranquilo a un parado. Todo un Servicio Público de Empleo dedicado a hacer como que se asesora a las personas en situaciones laborales difíciles pero en donde sólo se tramitan, y mal, algunas ayudas económicas.

Una comisión indebida nos puede ser cargada una y otra vez y el departamento de atención al cliente del banco, muy diligente, nos la devolverá con prontitud en muchos casos. El “a ver si cuela” es una práctica habitual de bancos, compañías eléctricas, telefonía… pero cuando uno acude al Banco de España, o al Ministerio de Industria a denunciar esos cobros indebidos que sólo en el caso de ser reclamados se devuelven, la Administración se conforma con la devolución sin preocuparse del robo sistemático y generalizado. Tantas oficinas de reclamaciones… que no sirven de nada. La del Banco de España es particularmente inútil pues abiertamente dice que sus resoluciones no obligan a nada. Tengo el caso de una condenatoria de una práctica que el banco, CaixaBank, siguió realizando todos los meses y cuando se presentó una nueva reclamación unos años después, el Banco de España dijo como sus resoluciones no son de obligado cumplimiento, incumplirlas tampoco es una mala práctica. Difícil, eh? Un cúmulo de departamentos de reclamaciones que sirven para hacer como que mejoran las cosas pero que en realidad sostienen lo que hay sin tapujos.

Una multa municipal errónea para cuyo recurso es necesario recabar datos del expediente sancionador. Si se recurre pidiéndolo, se agota el recurso sin poder exponer los argumentos basados en la información facilitada. Si se pide que se detenga el proceso hasta que se facilite el expediente, el organismo encargado de ello, Gestalba, emplea un par de meses en ello y cuando finalmente puede presentarse el recurso, éste no es admitido por estar fuera de plazo. Pareciera que uno tiene vías para oponerse al procedimiento Administrativo, verdad? Pero sólo lo parece.

Hay muchas empresas y organismos que tienen los pomposos Sistemas de Calidad pero basta con empezar a contestar alguna de las encuestas para comprobar que las preguntas están formuladas para que el resultado sea bueno y no quepan las quejas. Se pregunta si uno llegó a su destino pero no hay dónde especificar que llegó dos horas tarde. Se pregunta si había carteles informativos de que el tren saldría de otro andén (otra estación, incluso otra ciudad) pero no hay cómo explicar que un cartel en el andén es insuficiente cuando hay que desplazarse cuarenta kilómetros para llegar al nuevo andén. De hecho, Renfe es un ejemplo de cómo se hace como que se hace: devuelven el importe del billete cuando hay retrasos… pero como los trámites para ello son tan difíciles y hay tantos billetes subvencionados, en la práctica no se producen devoluciones. Nada penaliza su impuntualidad aunque parezca lo contrario con lo fácil que sería automatizar la devolución (como hace Oigo, por ejemplo).

Hacer como que hacemos se ha convertido en lo importante hoy en día en nuestra sociedad. Los institutos facilitan estadísticas del número de aprobados que tienen en Selectividad… “El 99% de los alumnos presentados han aprobado” como si ese dato tuviera alguna utilidad hoy: lo que importa es cuántos superan ciertas notas de corte en unos exámenes en los que sacar un 5 sobre 14 (un 3,5 sobre 10) no dice absolutamente nada. Es más, estamos consiguiendo reducir drásticamente el abandono escolar y hoy casi todo el mundo supera satisfactoriamente 4º ESO. ¿Cómo? Por que la ley dice que el número de asignaturas suspensas no puede ser un elemento que condicione la titulación en la ESO. (Orden 186/2022 JCCM Art 13: De ninguna manera, se fijará número ni tipología de materias no superadas para tomar la decisión de la titulación Y, de modo similar, Orden 724/2022 del Ministerio de Educación). Parece que se consigue mejorar la formación de los jóvenes… pero sólo se les da el título de que tienen esa formación, no la formación en sí. De hecho, esto tiene más consecuencias: los jóvenes que al menos van a clase ya no se limitan a aprobar sino que obtienen calificaciones altas. La imagen reproduce un intento de redacción de un alumno español (ni inmigrante ni hijo de inmigrante) de quince años que obtuvo un notable en lengua:

También parece que cada vez hay más gente que estudia en la universidad pero uno ha de preguntarse si la universidad hoy puede ser lo que era. Otro ejemplo de parecer: con la proliferación de universidades y la disminución del numero de hijos, muchas aulas se están quedando vacías a pesar de lo que algunos de los que antes suspendían ahora logran notables sin cuento. Ello debiera obligar a reducir las plazas de las titulaciones menos demandadas y amortizar la jubilación de profesores, etc. pero a ver qué rector quiere eso. La solución ha pasado por impartir los contenidos a distancia (hasta los exámenes) para que puedan matricularse de otras regiones o de otros países. No disminuye el número de ingenieros que salen de una universidad sostenida por los impuestos españoles… aunque muchos de esos ingenieros hayan pasado a ser argentinos, por ejemplo. Y como además la palabra ingeniero, como hace años la de arquitecto, se le aplica a cualquier cosa, parece que la ingeniería en España está en alza. Aunque sólo lo parezca.

Malo es que haya tanta gente sin techo, que los bancos abusen de su posición dominante o que haya tantos jóvenes sin estudios. Pero lo verdaderamente malo es que lo que hagamos sea que parezca que ayudamos, que parezca que controlamos y que parezca que educamos Que sólo lo parezca y que lo único que nos importe sea que lo siga pareciendo.

 

Naranja/*Pretextos

Deja el primer comentario

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Las cookies empleadas en esta web nunca almacenan información personal.

Para más información, consulta la política de privacidad.