Oposición portada

Oposición

Sara Mesa

Guillermo del Campo
Fecha: 1 de abril de 2025
Categoría: Sin categoría

Oposición es una novela que trata, de forma muy crítica, de la condición de ser funcionario: una chica accede a un puesto de trabajo provisional y tiene la oportunidad de ver si es ésa la vida que desea. La oposición no es sólo aquello que ella prepara en horas de trabajo sino también un sentimiento sordo que se rebela ante lo que ve. He de decir que comparto la crítica y que ni siquiera me parece demasiado exagerada. Por supuesto, hay excepciones (que son eso, excepciones) pero es cierto que incluso para las excepciones ser funcionario es una manera de vivir muy particular: no has de preocuparte de cobrar ni de ganarte el puesto de trabajo, casi todo son derechos y, sólo en el caso de las excepciones, se combinan con obligaciones y responsabilidades.

Ya leí Cicatriz, de la misma autora, pero aquél me interesó menos. Aquí Sara Mesa se burla del lenguaje y eso le da mucha gracia. Por supuesto del de la Administración, que se pega a los funcionarios, pero también de otras expresiones como la de “una bomba de dos filos” que bien podría ser “una espada de relojería”. Juega con el lenguaje como lo hace con el título del libro y va ridiculizando a unos personajes demasiado reales que aprovechan cada oportunidad para reclamar más derechos. Cuenta como el COVID ha implantado el sistema de cita previa… que no hay manera de conseguir. Añado yo que además evita el nerviosismo de quienes atienden al público al ver una larga cola, algo muy sano, sin duda, pero cuya relajación no siempre es la adecuada. (Esto también ha sucedido con los bancos, no es patrimonio de la Administración). El COVID fue la excusa perfecta para muchas cosas: recuerdo que mientras institutos y universidades, academias, gimnasios… se mataban por mantener el curso, al director de la Escuela Oficial de Idiomas de Albacete le faltó tiempo para darlo por cancelado, clases y exámenes. Sólo ante las numerosas protestas aceptó impartir alguna hora por videoconferencia pero no hubo convocatoria de junio y la de septiembre se hizo tras una mampara y veinte metros de distancia, que para exámenes orales es una práctica estupenda. El miedo es libre, los derechos infinitos y lo único que limita todo eso, (a veces también en exceso) es si se cobra o no a fin de mes. Entre la malísima salud de los funcionarios y la proverbial salud de hierro de los autónomos y profesionales ha de haber algún punto medio que, con toda seguridad, no está en la empresa pública.

Lo que cuenta Sara Mesa puede parecer exagerado pero la realidad supera a la ficción: conozco a un funcionario de atención al público que se ha recluido en un despacho perdido con llave y del que no sale (si es que entra), hasta el extremo de que muy pocos de los sesenta compañeros de esa oficina saben de su existencia.

De todas maneras, el libro no se limita a dar por bueno que se tenga tan poco que hacer que se puedan preparar oposiciones durante el horario de trabajo (lo da por bueno porque es de lo más común) o que se pueda ir al gimnasio a diario porque alguien fichará por ti para que no conste el retraso (algo igualmente común). Cuenta también la historia de una amistad que se rompe sin que se sepa muy bien por qué, ni en realidad importe. Lo que cuenta es el dolor que produce y comenta que la protagonista habría querido saber si existe una palabra para definir la paulatina agonía de una amistad que sólo duele a uno de sus miembros. Cuenta también la historia de gente bienintencionada que querría una atención que nosotros no queremos dar. Cuenta, en el fondo, las relaciones humanas que se establecen entre las personas cuando no son familiares, no se rigen por la afinidad ni por el interés, no son clientelares… son simplemente personas diversas. Y eso también tiene mucho interés aunque me haya ocupado menos líneas aquí.

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Verde/*Novela

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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Una chica empieza a trabajar como funcionaria de manera provisional. Con escaso trabajo y sin estar muy convencida, comienza a preparar unas oposiciones a la vez que se inventa escritos oficiales para entretenerse. Ello acabará en un expediente disciplinario que aún pondrá mejor de manifiesto las contradicciones de la condición del funcionario por lo que apunto de aprobar, en el último momento, rechaza entregar el último examen y renunciar a ese tipo de vida.

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