Sí, ya sé que el autor de la Odisea es Homero, como de la Ilíada. Pero hay quien dice que en realidad la Odisea es una recopilación de cantos sobre Ulises, Penélope, Calipso, Telémaco y Circe, escritos por Nausíacaa, hija de Alcíonoo y Arete, y vaya usted a saber qué sucedió en realidad hace dos o tres mil años. Lo que sí sé es que ésta de Samuel Butler es la mejor versión que he leído de la Odisea y por eso lo pongo como autor. Tampoco pretendo sentar cátedra al respecto pues ni he leído tantas versiones de las epopeyas griegas ni las he estudiado en absoluto. Leo por el simple placer de pasar la vista por las palabras, entretenerme y aprender cosas sin mayor exigencia. De ahí el carácter tan ecléctico de estas reseñas, según me dijo una vez un librero, que yo prefiero tildar de variopinto para alejar toda pretensión erudita de este batiburrillo de lecturas.
En este cajón de sastre (que bien podría ser también, como se dice tanto, un desastre de cajón) estoy retomando a los clásicos y nada mejor que comenzar por el principio, allá en Troya. La versión de Butler está escrita en una prosa que evoca la poesía de Homero y está avalada por dos escritores tan admiradísimos por mí como Borges, que la juzgó la más fiel de las versiones homéricas, e Irene Vallejo. Por si fuera poco, está ilustrado por Calpurnio. Aunque hay una especial afición a ilustrar las epopeyas griegas, se ve que los versos de Homero se hacen áridos, y yo suelo preferir las palabras por sí mismas, sus dibujillos son verdaderamente magníficos pues dejan mucho a la imaginación a la vez que acompañan muy bien al texto, enroscándose en él y añadiendo lo justo para disfrutar más de la lectura. Por si fuera poco, yo tengo un problema con Ulises: no me puedo quitar de la cabeza al cabeza de familia de las contraportadas del TBO y para mí es calvo y rechoncho. El verlo dibujado con su melena rojiza al viento me ha venido muy bien.

Aunque se trata de un texto muy antiguo, sorprende que tenga una estructura tan actual: comienza a media aventura, echa para atrás recordando el pasado y retoma el hilo para llegar al final que, anunciado desde el principio, se demora creando expectación. Eso no quita para que, siendo un texto que se recitaba, repita algunos pasajes y utilice expresiones específicas para que cada personaje se fije bien en el auditorio. Pero anunciar a la Aurora de dedos sonrosados no es tan distinto de presentar a Daniel, el Mochuelo.
A diferencia de la Ilíada, que trata de héroes, la Odisea cuenta lo humano. Ulises se va de juerga, se equivoca, es infiel… pero renuncia a ser un dios, se prefiere listo y hábil aunque mortal. Su regreso tiene algo de parábola, particularmente en Ítaca y va poniendo a prueba a todos los suyos, pero tiene también la duda y el afán de poder no necesitaba Aquiles para brillar. Banquetes constantes con mucha carne (y ni asomo de pescado en Grecia), mucho vino, (que casi recordaba por la recurrencia a las historias de Blyton y su cerveza de jengibre), mucha cama y constante devoción al olimpo aparecen en cada una de los cantos. Ulises pasa varios años con Calipso en la isla de Ogigia, que debió estar por nuestras costas de Iberia en un anticipo del turismo paradisíaco que vendría mucho después, pero hasta la mejor de las compañías agota y sigue en busca de su Penélope. Por cierto, a la que mandan callar y a sus labores tanto su marido como Telémaco, su hijo, en varias ocasiones. Espero que Bardem no tome ejemplo. Los dioses ponen, quitan, pero no de modo absoluto, en una suerte de juego político en el que los unos no deshacen exactamente lo que hacen los otros. También son constantes los regalos, asociados a la hospitalidad tan importante entonces. Constituían una medida del prestigio a la vez que establecían vínculos entre las personas. Alguien debería escribir algún tratado sobre los regalos porque verdaderamente constituyen todo un mundo.
Algo que me ha sorprendido de la lectura es que tras haber oído hablar tanto de algunos pasajes como el del canto de sirenas, el del telar de Penélope, el saco de vientos de Eolo… éstos ocupan apenas unas escuetas líneas. La Odisea es más una sucesión de hechos que sigue hasta el final: uno esperaría algo del tipo “y comieron perdices” con Penélope en los brazos de Ulises pero aún da tiempo a anunciar un nuevo viaje con un remo a cuestas y a luchar junto a su padre en una batalla final que asegure la paz. Y es que la odisea es personal y humana pero también es la de un reino en la anarquía del vacío de poder, todo en una fábula apasionante. Por algo Hanna deseaba escuchar la lectura de algún fragmento que la aliviara de su propia odisea.
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Traducción (del inglés): Miguel Temprano
Buena traducción, no he notado ni una sola vez que existiera un original en inglés. Imagino que a ello ayudará tanto el disponer de otras traducciones directas del griego como que, al no buscarse un lenguaje actual, hay todo un abanico de expresiones antiguas y arcaísmos de los que echar mano.
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*Novela
