Con lo que me gustan los tebeos, nunca me había interesado por los “manga” esos japoneses de ojos grandes que conocí con Meteoro, Heidi y Marco. Si me puse con éste fue por recomendación, relacionada con el tema del acoso escolar, que en el tebeo no es la historia principal aunque tenga mucha importancia.
En efecto, el tebeo cuenta una historia de intriga con algo sobrenatural y, desde ese punto de vista, está bien conseguido. El protagonista tardará en averiguar quién es el asesino y se ve acuciado por el hecho de que conoce detalles del futuro (la parte mágica) que desearía evitar. Y aunque esa historia se desarrolla en un viaje poco convincente, engancha y se lee con ganas. Al ser «manga» se lee al revés porque al parecer es el orden de escritura en japonés. Tiene dibujos bonitos con una viñetas ventosas estupendas.
El problema viene cuando nos detenemos en el fondo. Tras haber leído Invisible o Las lealtades, y también una página suelta de El infinito en un junco, la crudeza de Mi amigo Capricornio me deja sobrecogido. No sólo aparecen suicidios como si fueran partes meteorológicos, es que el asesinato o la tortura es asumida en el tebeo con una normalidad espeluznante si se tiene en cuenta la edad de los previsibles lectores. Incluso para mí, el episodio del gato es extraordinariamente duro y desagradable. Y no digamos el hecho de que una venganza contra el acosador se traduzca en matarlo… y hacer cargar con el asesinato a uno de los acosados! No doy crédito a que haya tebeos tan absolutamente faltos de los principios más básicos entre los personajes «buenos».
No sirve de atenuante que el acosador se represente como el Mal personificado, en un rubio ojos más normales, ni que el protagonista caiga en la cuenta de que nunca apoyó al acosado. Tampoco que el acosado tenga una autoestima tan baja que se vea reflejado en un chivo expiatorio. La crítica al acoso escolar queda un tanto desvaída entre toda la parafernalia seudofilosófica del tebeo y, en cambio, no se cuestiona la bondad de tomarse la justicia por su cuenta ni de cargarle las culpas a otro damnificado. Con los mismos mimbres se podía haber armado una historia similar mucho menos ambigua (en el mejor de los casos).
Al margen del tebeo, es llamativo que, en paralelo con las medidas que se toman en España para detener el acoso escolar, surja la segunda derivada de lo políticamente correcto: eso de que hay que comprender a todo el mundo y que todas las opiniones son respetables. Y así, ya haya chavales dispuestos a intentar un acercamiento al maltratador en la creencia de que del maltratado ya se ocupan otros. La lectura del tebeo podría servir para darse cuenta de que es el maltratado quien merece nuestra atención en primer lugar, con independencia de los problemas del maltratador. Pero confío en que no dé ideas acerca de cómo se ocupan otros del acosador, la verdad.
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Traducción: Marc Bernabé
Buena traducción, no he notado nada extraño salvo lo molesto de los signos japoneses para onomatopeyas y ruidos, absolutamente incomprensibles incluso aunque el traductor ponga alguna nota a veces.
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*Tebeo
De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Un chico víctima de acoso escolar asesina a su acosador. Un amigo le ayuda a escapar y poco a poco va descubriendo que él no es el asesino sino que ha decidido hacer de chivo expiatorio. La asesina es una amiga común de los dos, hermana de otra víctima de acoso que se suicidó, y que planeó cuidadosamente su venganza a la vez que cómo librarse de la policía.
