Memorias (de la IIWW)

Winston Churchill

Guillermo del Campo
Fecha: 16 de enero de 2019
Categoría: Historia y política

Difícilmente unas memorias pueden dejar de enaltecer un poco al autor. Pero cuando el autor es un hombre de la talla de Winston Churchill eso está justificado. Cuando supe que Churchill era premio Nóbel de literatura me sorprendí, claro. Al leer entonces parte de sus memorias lo entendí mejor: tienen mucha fuerza a pesar del autobombo y la narración es verdaderamente clara y fluida, de ésas que te atrapan y no te dejan. Al releerlas ahora vuelvo a encontrar esos valores literarios. Si eso da para un premio de literatura tan importante, no lo sé pero me temo que en esa situación debe haber unos cuantos premiados más.

Cierto que, como buena autobiografía, omitirá lo que le interese y seguro que tergiversará otras cosas pero no por ello pierde valor porque lo que cuenta sigue siendo bastante cierto y, sobre todo, interesante. Y también porque detrás de los hechos aparecen unos valores muy sólidos que merecen la pena. Cuando leí Stoner pensé que en la vida hay que mojarse si se pretende hacer algo más que pasar por ella. Churchill deja claro que su grandeza se basó en unas pocas convicciones firmes y tuvo un montón de dudas, errores y aciertos. Y quizá la grandeza también le vino de que las circunstancias lo exigían. Nuestros políticos de hoy no dan la talla porque, entre otras cosas, no tienen para qué darla. Sí, son mediocres y partidistas pero se lo pueden permitir porque nuestra sociedad no está al borde del colapso y no les exige más. Hoy muchos, cómodos en sus fortunas personales, presumen de buen talante al decir que nada importa que España pierda un 20% de su riqueza. Ciertamente, cuando el problema lo van a pagar los hijos o nietos no es lo mismo que cuando va a ser tu casa la que se destruya en un bombardeo.

Entre otras cosas el Nóbel se lo dieron por su “exaltada oratoria en defensa de los derechos humanos”. No diría yo tanto pero sí que fue un gran defensor de la Democracia (sobre todo de la de su país) y de la Libertad (también fundamentalmente la británica). Y aunque esto esté limitado por otros muchos aspectos, ya quisiera yo ver defensas tan sólidas hoy día aunque fuera sólo en beneficio patrio. Que se admitiera el juego parlamentario de verdad, que no se dijera ignorar a los que piensan diferente y que en cambio se marginara realmente a los que van en contra de la Democracia.

Al leer las memorias hay que reconocer que Churchill “caló” tanto al nazismo como al comunismo desde el primer momento y que los denunció mucho antes de que llegaran a donde finalmente llegaron. Consideró que en el 36 España estaba al borde de seguir los pasos de la revolución comunista rusa y se mojó al no denunciar la invasión de la Unión Soviética a Polonia conjuntamente con Hitler al empezar la guerra. Lo mismo que tampoco denunció las invasiones de las repúblicas bálticas y de Finlandia pocos meses después. Pero, en definitiva, siempre tuvo claro el rumbo en lo fundamental y acertó aunque para ello tuviera que transitar caminos poco recomendables hasta alcanzar la victoria. Triunfó la Democracia sobre el totalitarismo. Y eso es lo importante. Esas victorias, las que de verdad importan, sólo se pueden alcanzar así, con sólidas bases y mojándose a la vez. Lo malo es que la mayoría intenta alcanzarlas sólo con la mitad del binomio: las componendas sin los principios. Y así nos va… mientras nos lo podamos permitir.

*Historia

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