Aunque novela, más bien es un relato autobiográfico. Es novela porque la autora fabula con sus recuerdos y hasta posiblemente inventa algunos. Ya se sabe que, a veces, la realidad es más fácil de expresar con un cuento. Y es precisamente en la mezcla de realismo y ensoñación en donde está lo mejor del libro. Sin dramatizar, sin solemnidades, la prosa une estupendamente la infancia en la URSS, las vivencias de Chernobyl, con la edad adulta de la protagonista emigrada Argentina y lo hace de manera bonita, dura a veces, pero pausada y tranquila.
La autora emplea una prosa poética que se relaciona con los tejidos, como hacía Irene Vallejo. Una prosa que, por contar sus recuerdos, recuerda a la de su tocaya Ginzburg y que al hacer de ellos una novela en la que buscar refugio me hace pensar en Rosa Montero. “Escribo”, dice la autora en la novela cuando a su madre le diagnostican una enfermedad, “porque no puedo tejer unas piernas más fuertes para mi madre”. Escribo “porque yo sí puedo caminar hacia atrás por ella.”
El libro es como un conjunto de destellos, de recuerdos, algo deslavazados porque el hilo conductor es la escritora misma pero la estructura es muy clara a la vez que sugerente: un primer capítulo de la infancia, un tercero totalmente distinto, con la autora ya adulta y, en medio, uno mágico de conversaciones con antepasados que la autora no conoció en el que bucea en los recuerdos, en lo que le han contado y lo que imagina. Curiosamente, lo mágico no se limita a esa segunda parte sino que asoma con frecuencia en un zapatito búlgaro o en un título estupendo, “Luciérnaga” que hace referencia al brillo propio de cada personaje, ya sea por la radioactividad acumulada o simplemente por su carácter.
Otro aspecto curioso del libro es que Natalia Litvinova apenas describe, más bien narra lo que sucede, en ocasiones con los mismos diálogos, pero a pesar de todo nos hacemos cargo de las situaciones perfectamente.
¿Por qué entonces, si es un libro tan estupendo, no me parece un libro naranja como los otros con los que lo he comparado? Simplemente porque a pesar de todo su prosa no me llega, no me conmueve. Es interesante, bonita, pero fría. Sin duda influye que, aunque la prosa sudamericana sí me llega, imaginar a una niña soviética diciendo que “sos impresionante” en la mismísima Plaza Roja se me hace muy raro. Pero no es sólo eso. Yo creo que también sucede que el español no es la lengua materna de la autora y que por bien que lo haya aprendido, se nota. Su estilo puede ser seco pero creo que detrás se esconde una simplicidad que más que buscada le resulta obligada.
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Verde/*Novela
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