Se trata de un análisis de los condicionamientos morales que siempre han acompañado a la propiedad y cómo éstos han limitado la creación de la riqueza, fundamentalmente en el mundo occidental. Explica cómo, aunque el comercio es la principal fuente de riqueza, a la humanidad le costó comprender el valor del comerciante en comparación con quienes producían algo físico. Igualmente, cómo costó vencer las reticencias hacia el dinero frente a la naturalidad del trueque.
La redacción me ha parecido un tanto confusa en muchos momentos pero el contenido es muy interesante. Este primer tomo tiene como dos partes: la primera, una historia de griegos romanos y judíos y, más adelante, del cristianismo como principal fuente de moralidad en Europa y otra parte de carácter algo más convencional, con hitos y personajes, acerca de la Revolución Francesa en donde sigue mucho a Schama. En general hay una dura crítica a la religión católica como conformadora de la filosofía del poder en occidente y de la aceptación de la pobreza y de las desigualdades.
En medio de todo eso hay muchas reflexiones acertadas como que las democracias sólo están protegidas de la demagogia mientras se mantienen prósperas (precisamente los populismos más recientes nos han venido en la crisis económica) o que la esclavitud es un desastre para la economía por cuanto echa por tierra el valor del trabajo. Tan desastroso que incluso acaba con la productividad, con la calidad del trabajo y con la de los bienes producidos. Eso también puede aplicarse, en menor medida, a los salarios insuficientes. El autor considera que el comercio es el motor de la economía y, de hecho, no hay más que ver la importancia de los nudos de comunicaciones, de los puertos… U observar un mapa político y percatarse de que la inmensa mayoría de los países ribereños son pequeños y más ricos que los del interior mucho mayores.
Como el comercio necesita estabilidad, a su vez reduce las guerras. Escohotado cuenta cómo los musulmanes comprendieron que era mucho más rentable cobrar tributos a los infieles que obligar a su conversión. Cómo el pillaje y la fuerza bruta eran mucho más costosos en general que unas relaciones basadas en que todos ganan.
Escohotado parece cifrar los cambios en el abandono de la religión y el cambio de mentalidad. Yo creo que hay que añadir algo que resultó imparable: Mientras la riqueza fue escasa y se restringía fundamentalmente al dominio de la tierra, el sistema feudal pudo mantenerse por la fuerza de una minoría beneficiada. Cuando la riqueza se incrementó con los excedentes de la revolución industrial y pasó a depender del comercio resultó incontrolable para el poder y éste quedó reducido a regularlo. Naturalmente cambiaron las mentalidades pero no tanto por la evolución del pensamiento como por los cambios de una realidad sobrevenida. Al fin y al cabo, es mucho más fácil adaptar el pensamiento a la realidad que lo contrario.
*Saber
