Qué mal tiene que estar el premio Málaga de ensayo para tener que dárselo a un compendio de artículos y conferencias antiguas que tratan de temas diversos, a veces hasta relacionados con las palabras de uno y otro lado del charco. Parece que está de moda vender como ensayo la recopilaciones, como ya hizo Fórcola y ahora Páginas de Espuma como editorial. No sólo eso sino que el libro tiene hasta párrafos repetidos, literalmente, supongo que porque los textos iban dirigidos a diferentes publicaciones o auditorios. Y yo creo que el epílogo responde más a la intención de que exista ese capítulo en el índice, quizá para que parezca que efectivamente hay un ensayo en algún sitio y que ahí se llegara a alguna conclusión, porque en realidad no es más que un montón de párrafos inconexos.
Dicho eso, el batiburrillo de segunda mano con el que Iwasaki pretende haber escrito un ensayo, resulta esencialmente entretenido. Hay algunas partes muy aburridas pero otras muchas son divertidas, ingeniosas y amenas. Abundan los juegos de palabras y el desparpajo en afirmaciones, que, como pasa con los que sueltan la lengua o, en este caso, la tecla, unas veces son más defendibles y otras más que cuestionables (cuando anticipa los motivos de los futuros homenajes a Cervantes, por ejemplo). Así, habla de “intenextos”, de “pantapáginas”, de “sobrecamas” como tiempos de charla sobre un mueble distinto del de la mesa, y un largo etcétera. Y también destaca el autor el escaso valor de que el español tenga tantos hablantes si no es la lengua de ascenso social en casi ningún sitio ni la de la ciencia en ninguno, etc.
Como se refiere mucho al español andaluz, menciona a Antonio Burgos y a un blog que tuvo el periodista acerca de estos temas del lenguaje… y que ya ha desaparecido. Supongo que el año pasado, tras su muerte, nadie pagó la suscripción anual para mantenerlo, si no vivo, al menos presente. Lástima.
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*Pensamiento
