Si tratamos de imaginar cómo puede ser una novela cortita de un autor súper prolífico probablemente no nos sorprendan mucho Las hermanas Lacroix. Como suponía, se trata de una novela bien estructurada y razonablemente bien contada, con bastante tensión en la historia, que entretiene pero que no deja huella. Quizá como lo que cabría esperar leer en una novela de Ágatha Christie que no tuviera como protagonistas a sus personajes más célebres.
La narración es a veces un poco confusa pues cambia de punto de vista sin previo aviso. Quizá sea un defecto de la edición pues habría bastado dejar un espacio en blanco mayor entre esos párrafos. También hay alguna cursiva improcedente. Como sucede en estos libros, los diálogos llevan mucho del peso de la narración pero es cierto que se siente la opresión de la atmósfera y la tirantez de las relaciones desde el primer momento. Casi podría ser una obra de teatro. El mayor problema me parece que está en que se trata de una historia fea. Y si ya no me gustan mucho las novelas tipo Poirot a pesar de que éste encuentre indefectiblemente al asesino… no digamos una suerte de experimento que sin duda logra transmitir desasosiego pero poco más.
La traducción no me parece mala pero tampoco buena. Yo no sé francés por lo que sólo me chirrían algunas cosas sin saber bien el motivo. Amelia Pérez de Villar decía que la traducción debía permitir que la narración fluyera con naturalidad y para eso no basta con tirar de diccionario. Si se introducen términos traducidos literalmente aparecen las “ratinas”, se “entran manzanas”. Incluso palabras más frecuentes como “espetar” no deberían repetirse en pocas páginas a menos que su empleo sea perfecto, que no lo es. Lo mismo que crepitar, que siendo una palabra común, deja de serlo cuando se aplica al agua.
En fin, una novela sin mayores pretensiones que no recomendaría más que en último caso.
Traducción: José Ramón Monreal
*Novela
