La voz de los libros

Maribel Riaza

Guillermo del Campo
Fecha: 1 de diciembre de 2024
Categoría: Ensayo

En apariencia, es una segunda versión de El infinito en un junco. Y es posible que Irene Vallejo le pisara un poco la idea a Maribel Riaza y ésta tuviera que reorientarla, no sé. Lo cierto es que, aunque empiezan de manera parecida y tienen una manera de expresarse similar, La voz de los libros se centra rápidamente en la lectura en voz alta sin adentrarse en otros vericuetos de la lectura. Tampoco transmite la misma pasión, que sin embargo la autora sin duda, vive. Aunque quizá eso se deba a que hasta ahora yo no era muy partidario de la lectura en alto.

Hasta ahora, porque tras la lectura de La voz de los libros he comenzado a leer en alto. Yo tengo muy mal recuerdo de eso desde el colegio, cuando había que pasar una hora escuchando balbuceos sin poder avanzar en la lectura por si de pronto el profesor te decía que siguieras tú. Muchos ceros me llevé por no saber por dónde seguir al haber avanzado yo, interesado por la historia, muchísimo más que la sucesión de lectores en alto.. Por si fuera poco, al ritmo de la lectura escuchada en común jamás daba tiempo a acabar el libro. Siempre consideré aquellos ceros como daños colaterales asumibles, por los que nunca me quejé. Además, tampoco tuvieron nunca la menor trascendencia porque los profesores sabían lo que hacían. Pero todo ello me produjo bastante prevención hacia la lectura en alto.

Sin embargo, yo recuerdo haber disfrutado leyendo algún fragmento de En la ardiente oscuridad, por ejemplo. Eso y lo que cuenta Riaza me ha hecho reconsiderarlo. Como dice la autora, podemos ver una película o escuchar música con otras personas… ¿por qué no un libro? Al fin y al cabo es verdad que el alma de la poesía es el sonido. Riaza ha leído a sus hijas Torres de Mallory, Cuentos por teléfono y otros muchos que yo recomendé a los míos. Comenta que en Sudáfrica, leer es como comer, algo que se hace mejor en compañía. Y si los puros Montecristo deben su nombre a Edmundo Dantés y los Romeo y Julieta a las lecturas de Shakespeare… ¿qué más se puede pedir?

Comenta también la autora que está en marcha un estudio acerca del efecto de la lectura en voz alta. Por lo visto se leen textos diversos a voluntarios a los que se les miden muchas variables emocionales. Me pregunto si no se podría agrupar a esos voluntarios de manera que también se pudieran comparar los efectos de diferentes traducciones en ellos para dar con la clave de la buena literatura.

La voz de los libros es un libro algo largo para el tema que desarrolla pero se hace ameno pese a todo, tiene un magnífico equilibrio con lo que hoy es políticamente correcto sin caer en las sandeces de moda y un epílogo que vale mucho. Te hace caer en la cuenta de muchas cosas, como lo mudable de la voz de los libros con las personas y la edad, que la puntuación no es perfecta, que leer cuesta y que tal vez un audiolibro puede ser una alternativa en muchas circunstancias, que escuchar también cuesta y que de la misma manera que hay que ejercitar la concentración para leer en silencio hay que hacerlo para escuchar una lectura… Quizá hasta tal vez consiga que el Quijote me guste más cuando lo escuche.

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Traducción y lenguaje:

Al principio aparece una magnífica traducción de un poema de Emily Dickinson realizada por la propia autora. Un ejemplo más de la importancia de conocer el idioma al que se traduce por encima de todo.

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Verde/*Ensayo

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