La única historia

Julian Barnes

Guillermo del Campo
Fecha: 20 de abril de 2020
Categoría: Los más fáciles

Teniendo en cuenta que, según dice Julián Barnés en El sentido de un final, nos pasamos la vida contando una historia cada vez más adaptada a nuestro gusto, pensé que seguiría abundando en esa idea pero no es así. O al menos no exactamente aunque pueda haber compatibilidad con la idea que aquí se refleja de que lo único importante en la vida es el amor. Ésa es la única historia que aquí se cuenta, o que cuenta en realidad. Pero como se cuenta de forma retrospectiva, podríamos enlazar con eso de que nos vamos contando la vida adaptando la historia a nuestro gusto.

El libro se estructura en tres partes, la primera cuenta el comienzo de una historia de amor entre un chico de diecinueve años y una mujer de más de cuarenta que se consolida luego en la segunda parte. Ambas las cuenta el chico cuando ya es mucho mayor, en primera persona. La tercera parte cuenta la etapa final en tercera persona, como alejándose ya del personaje. Sorprende en el relato la sinceridad que expresa, sin estridencias, tranquila, veraz, crítica, conmovedora muchas veces. Es una visión desde la madurez y por tanto carece de apasionamiento: Resulta un tanto fría pero a la vez muy realista. Y lo que cuenta es bonito cuando puede serlo. De todas maneras, aunque me parece bonito, quizá podía serlo un poco más. El tercer capítulo me recuerda a Fractura, de Neuman, con esa idea un poco itinerante del amor. Probablemente la idea del amor al acabar una vida sea la que ambos libros reflejan y tal vez, además, sea la más realista. Pero no por eso se dejan de echar de menos algunos fuegos artificiales.

Ese desapasionamiento permite, sin embargo, apreciar el verdadero amor que permanece latente a pesar de las muchas dificultades y, sobre todo, a pesar del paso del tiempo. Y eso, aunque no brille tanto, es muy bonito. Contrasta con lo que le pasa a otro de los personajes muy secundario, que habiendo dejado de creer en las buenas intenciones ajenas, pierde la capacidad de entregarse al amor. Con eso responde a la pregunta que se plantea desde el principio: ¿es preferible amar más y sufrir más o lo contrario? La vida sin riesgo vale mucho menos. Siempre. Aunque salga mal.

La traducción, mala, como era de esperar (es el mismo traductor que el de El sentido de un final) pero me llama la atención el uso de la cursiva para resaltar algunas palabras de la misma manera que lo hacía Richmal Crompton. Me parece un buen recurso expresivo.

*Novela literaria

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